miércoles, 27 de enero de 2016

Las grandes obras de la literatura universal también están formadas por fractales 

Aquellas basadas en el "fluir de conciencia" o escritura automática, como `Las Olas’ de Virginia Woolf, presentan una complejidad matemática aún mayor.(Fuente: Instituto de Física Nuclear de la Academia polaca de las Ciencias y T21)

Autores como George Eliot, James Joyce, Julio Cortázar o Virginia Woolf comparten, además de su grandeza literaria, una grandeza matemática, pues todos compusieron fractales en sus obras. Esto es lo que ha revelado un análisis estadístico realizado por físicos del Instituto de Física Nuclear de la Academia polaca de las Ciencias (IFJ PAN). ¿Podría aventurarse, a partir de estos resultados, que la conciencia y el lenguaje son tan fractales como otros componentes de la Naturaleza sino todos?

James Joyce, Julio Cortázar, Marcel Proust, Henryk Sienkiewicz y Umberto Eco. Sin importar el idioma en que estos autores escribieron, todos ellos, en algún sentido, construyeron fractales en sus obras. Esto es lo que ha revelado un análisis estadístico llevado a cabo en el Instituto de Física Nuclear de la Academia polaca de las Ciencias (IFJ PAN). 

El análisis reveló asimismo que cierto género literario en particular (vinculado al fluir de la conciencia) está constituido por multifractales. Es decir, genera fractales de fractales (dinámica de avalanchas), una estructura matemática especialmente compleja. 
  
Qué es un fractal 
  
En 1975,  el matemático Benoît Mandelbrot, propuso el término fractal (que deriva del Latín fractus: quebrado o fracturado), para nombrar a objetos geométricos cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas. En el capítulo dos -“Shapes”- de la serie documental The Code , dirigida por Stephen Cooter, ilustra muy bien cómo los fractales son estructuras constituyentes de las formas más complejas de la Naturaleza.

En esta película se explica cómo uno de los creadores de la compañía cinematográfica Pixar descubrió en los años 80 (tras leer a Mandelbrot) que repitiendo un gran número de veces una misma figura geométrica (por ejemplo, un triángulo) podían generarse entornos extremadamente realistas para dibujos animados. Esos entornos reflejaban elementos que, en la Naturaleza, nos parecen formados sin seguir patrón alguno, como la orografía montañosa o las nubes. 

Por tanto, los fractales nos muestran que las formas complejas de la Naturaleza tienen un componente de reiteración geométrica. ¿Puede suceder eso mismo también en el lenguaje? ¿Es que nada escapa a las matemáticas? 

La literatura no?

Los físicos del IFJ PAN afirman que la literatura no lo hace. Alcanzaron esta conclusión tras realizar un análisis estadístico detallado de 113 obras célebres de la literatura universal, escritas en inglés, francés, alemán, italiano, polaco, ruso y español; y representativas de diversos géneros literarios. 
  
Fueron las obras de autores como Honoré de Balzac, Arthur Conan Doyle, Julio Cortázar, Charles Dickens, Fyodor Dostoevsky, Alejandro Dumas, Umberto Eco, George Elliot (seudónimo que empleó la escritora británica Mary Anne Evans), Victor Hugo, James Joyce, Thomas Mann, Marcel Proust, Wladyslaw Reymont, William Shakespeare, Henryk Sienkiewicz, JRR Tolkien, León Tolstoi o Virginia Woolf, entre otros. Las obras seleccionadas tenían una extensión de al menos 5.000 frases, con el fin de garantizar la fiabilidad estadística. 
  
En concreto, lo que se analizó de estos libros fueron las correlaciones en las variaciones de longitud de todas sus oraciones (un método alternativo, que consistió en contar los caracteres de la frase resultó no tener un impacto importante en las conclusiones). La longitud de las oraciones fue medida, a su vez, en función de su número de palabras. 

Se comprobó así que "todas las obras examinadas mostraban autosimilitud en cuanto a la organización de las longitudes de las frases”, afirman los físicos. Es decir, están gobernadas por la dinámica de los fractales o su composición es un fractal.
  
El análisis arrojó asimismo un resultado aún más interesante, si cabe: Algunas de las obras analizadas presentaban una complejidad matemática excepcional comparable a la de objetos matemáticos complejos; considerados multifractales.   
  
Como hemos dicho, los fractales son objetos matemáticos autosimilares: cuando empezamos a ampliar un fragmento u otro, lo que emerge es una estructura que se asemeja al objeto original. Fractales típicos, como el triángulo de Sierpinski o  el conjunto de Mandelbrot, son monofractales, lo que significa que el ritmo de la ampliación en cualquier lugar de un fractal es el mismo; es lineal. 
  
Los multifractales, por su parte, son estructuras matemáticas fractales más avanzadas que los monofractales. Surgen de fractales 'entretejidos' entre sí proporcionalmente. Así que no son simplemente la suma de fractales ni pueden ser divididos para volver de nuevo a sus componentes originales, debido a la manera (no lineal) en que están entrañados los unos con los otros. 
  
Cuando los físicos comenzaron a rastrear en los libros una correlación no lineal entre las extensiones de sus frases, detectaron que en la mayoría de las obras aparecían multifractales en un grado leve o moderado. Sin embargo, más de una docena de libros revelaron una estructura multifractal muy clara. 
  
Resultó que casi todas estas obras fueron representantes de un mismo género: el de la corriente o fluir de conciencia.  "El récord absoluto en términos de multifractalidad resultó ser Finnegans Wake de James Joyce. Los resultados de nuestro análisis de este texto son prácticamente indistinguibles de los multifractales ideales, puramente matemáticos", afirma Drozdz. 
  
Otras obras muy multifractales fueron Rayuela , de Julio Cortázar, o Las olas de Virginia Woolf. En cambio, y aunque está considerada como una obra vinculada al “fluir de conciencia”, no se halló multifractalidad en A la búsqueda del tiempo perdido, de Marcel Proust. 
  
Especulación y aspectos prácticos 
  
"No está del todo claro si la corriente de la escritura de conciencia en realidad revela las cualidades más profundas de nuestra conciencia ”, dice Drozdz. Pero, de ser así, ¿podría derivarse de estos hallazgos que la conciencia y el lenguaje son tan fractales como otros elementos de la Naturaleza? Al fin y al cabo, esta –sabemos por Pixar-, cobra sus múltiples formas gracias a los fractales.   

De hecho, hoy día, los multifractales se usan para estudiar otros elementos tan "naturales" como el cáncer, el sol o el universo. ¿Podría ser que esta forma de recursividad también se encuentre en la conciencia y el lenguaje? Especulación o no, la cuestión es apasionante y genera toda una “dinámica de avalanchas” de otras preguntas.   

En términos prácticos, Drozdz y su equipo señalan que su sistema estadístico podría servir, en última instancia, para determinar el género de cualquier obra, una determinación que, algunas veces, es demasiado subjetiva.

Matemáticas y literatura 
  
En los últimos años, las matemáticas también se han usado para establecer patrones en estilos narrativos de una misma época (Hughes, J.M., 2012) o para encontrar la huella literaria de los escritores. 

Además, desde siempre se ha usado en la poesía, a menudo organizada en su composición de manera tan matemática como la música, véanse, por ejemplo, algunas estructuras métricas como el soneto o la sextina.

viernes, 22 de enero de 2016


Las partículas perciben las cuatro dimensiones de forma diferente según su energía describiendo un "arco iris". (Fuente: Universidad de Polonia y T21)

Físicos teóricos de la Universidad de Varsovia (Polonia) han demostrado que el espacio-tiempo produce una especie de arco iris como el de la luz, es decir, que las partículas perciben el espacio-tiempo de forma diferente según su energía.

Cuando la luz blanca pasa a través de un prisma, el arco iris que aparece al otro lado revela una rica paleta de colores. Físicos teóricos de la Universidad de Varsovia han demostrado que en los modelos del Universo que utilizan alguna de las teorías cuánticas de la gravedad también debe haber un "arco iris" parecido, compuesto por diferentes versiones del espacio-tiempo. 

El mecanismo predice que en lugar de un solo espacio-tiempo común, las partículas de diferentes energías básicamente perciben versiones ligeramente modificadas del mismo. 

Probablemente todos hemos visto el experimento: cuando la luz blanca pasa a través de un prisma se divide para formar un arco iris. Esto es porque la luz blanca es de hecho una mezcla de fotones de diferentes energías, y cuanto mayor es la energía del fotón, más lo desvía el prisma. 

Por lo tanto, podríamos decir que el arco iris se debe a que los fotones de diferentes energías sienten el mismo prisma con propiedades ligeramente diferentes. Desde hace años se ha sospechado que las partículas de diferentes energías de los modelos cuánticos del universo sienten el espacio-tiempo con estructuras ligeramente diferentes. 

Estas hipótesis no se derivaban de la teoría cuántica, sin embargo, sino que se basaban en conjeturas. Ahora, el grupo de la universidad polaca, dirigido por Jerzy Lewandowski, ha formulado un mecanismo general responsable de la aparición de un arco iris espacio-tiemporal. 

"Hace dos años informamos de que en nuestros modelos cosmológicos cuánticos, los diferentes tipos de partículas sienten la existencia de espacio-tiempos con propiedades ligeramente diferentes. Ahora resulta que la situación es aún más complicada. Hemos descubierto un mecanismo verdaderamente genérico, por lo que el tejido del espacio-tiempo sentido por una partícula dada debe variar en función no sólo de su tipo, sino incluso de su energía ", dice el profesor Lewandowski en la nota de prensa de la universidad. 

En el debate actual los físicos de Varsovia están utilizando un modelo cosmológico que contiene sólo dos componentes: la gravedad y un tipo de materia. Bajo la teoría general de la relatividad, un campo gravitatorio se describe como deformaciones del espacio-tiempo, mientras que la materia se representa como un campo escalar (el tipo más simple de campo, en el que a cada punto del espacio se le asigna un único valor). 

"Hoy en día hay muchas teorías que compiten con la gravedad cuántica. Por lo tanto, formulamos nuestro modelo en términos muy generales de modo que se pueda aplicar a cualquiera de ellos. Alguien podría asumir el tipo de campo gravitatorio -que en la práctica equivale al espacio-tiempo- que se postula en una teoría cuántica, y otra persona podría asumir otro. Algunos operadores matemáticos del modelo cambian, pero no la naturaleza de los fenómenos que ocurren en él", explica el estudiante de doctorado Andrea Dapor (UW Física). 

El modelo así diseñado fue luego cuantizado : en otras palabras, los valores continuos, que pueden diferir entre sí en cualquier cuantía arbitrariamente pequeña, se convierten en valores discretos, que sólo pueden diferir en intervalos específicos (cuantos). 

La investigación sobre la dinámica del modelo cuantizado reveló un resultado sorprendente: los procesos modelados usando la teoría cuántica sobre el espacio-tiempo cuántico mostraron la misma dinámica que cuando la teoría cuántica se aplica a un espacio-tiempo continuo clásico, es decir, el que conocemos de la experiencia cotidiana. 

"Este resultado es simplemente asombroso. Empezamos con el mundo difuso de la geometría cuántica, donde incluso es difícil decir cuál es el tiempo y lo que es el espacio, y sin embargo, los fenómenos que ocurren en nuestro modelo cosmológico se ven ¡como si estuvieran sucediendo en el espacio-tiempo ordinario!", dice el estudiante de doctorado Mehdi Assanioussi. 

Las cosas dieron un giro aún más interesante cuando los físicos observaron excitaciones del campo escalar, que es interpretado como partículas. Los cálculos demostraron que en este modelo las partículas que difieren en términos de energía interactúan con el espacio-tiempo cuántico de manera algo diferente -del mismo modo que los fotones de diferentes energías interactúan con un prisma de manera algo diferente. Este resultado significa que incluso la estructura efectiva del espacio-tiempo clásico detectada por partículas individuales debe depender de su energía.

La aparición de un arco iris normal se puede describir en términos de un índice de refracción, cuyo valor varía en función de la longitud de onda de la luz. En el caso del arco iris análogo del espacio-tiempo, se propone una relación similar: la función beta, una medida del grado en que la estructura del espacio-tiempo clásico difiere según la experiencia de las diferentes partículas. 

Esta función refleja el grado de no-clasicidad del espacio-tiempo cuántico: en condiciones similares a las clásicas, la función es casi 0, mientras que en condiciones verdaderamente cuánticas su valor es cercano a 1. 

Hoy en día el Universo está en un estado de tipo clásico, por lo que el valor beta debe estar cerca de 0, y las estimaciones realizadas por otros grupos de físicos de hecho sugieren que no excede de 0,01. Este pequeño valor para la función beta significa que actualmente el arco iris espacio-temporal es muy estrecho y no puede ser detectado experimentalmente. 

La gravedad cuántica detrás del efecto

El estudio realizado por los teóricos de Varsovia, financiados por subvenciones del Centro Nacional de Ciencias de Polonia, ha dado otra conclusión interesante: el arco iris del espacio-tiempo es el resultado de la gravedad cuántica. 

Los físicos en general comparten la opinión de que los efectos de este tipo sólo se hacen visibles en energías gigantescas cerca de la energía de Planck, miles de millones de millones de veces la energía de las partículas que se aceleran en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) de Ginebra (Suiza). Sin embargo, el valor de la función beta depende del tiempo, y en los momentos cercanos a la gran explosión podría haber sido mucho mayor. 

Cuando beta está cerca de 1, el arco iris del espacio-tiempo se expande considerablemente. Como resultado, en tales condiciones quizás se pudo observar el efecto arco iris de la gravedad cuántica incluso a energías de partículas cientos de veces más pequeñas que la energía de los protones del LHC.

viernes, 2 de octubre de 2015

Crean un simulador cuántico que recrea fenómenos físicos imposibles

Investigadores de la Universidad del País Vasco, en colaboración con colegas chinos, han creado un simulador cuántico que permite fenómenos físicos imposibles, a nivel atómico. Por ejemplo, operaciones prohibidas en sistemas físicos microscópicos, como la inversión temporal, que invierte la dirección de la flecha del tiempo. Los científicos lo denominan 'teatro' cuántico. (Fuente: QUTIS y Universidad de Tsinghua)

El grupo de investigación Quantum Technologies for Information Science (Qutis) de la Universidad del País Vasco/EHU, liderado por el profesor Enrique Solano, en colaboración con un grupo experimental de la Universidad de Tsinghua (Pekín, China) dirigido por el profesor Kihwan Kim, ha creado un simulador cuántico que es capaz de crear fenómenos no físicos en el mundo atómico, es decir, fenómenos físicos imposibles. 

Los investigadores de ambos grupos han logrado que un átomo atrapado imite comportamientos que contradicen a sus propias leyes fundamentales, llevando los elementos de la ciencia ficción al mundo microscópico. "Hemos conseguido que un átomo actúe como si violase la naturaleza de los sistemas atómicos, es decir, la física cuántica y la teoría de la relatividad. Al igual que sucede en el teatro o en las películas de ciencia ficción, donde los actores parecen mostrar comportamientos absurdos que van en contra de las leyes naturales, en este caso, los átomos son obligados a simular acciones absurdas como si se tratara de un actor de teatro o ficción", explica el profesor Solano en la nota de prensa de la UPV. 

Los resultados de esta investigación han sido publicados en la revista Nature Communications, en el artículo Time reversal and charge conjugation in an embedding quantum simulator (La inversión del tiempo y la conjugación de carga en un simulador cuántico generalizado). El equipo de Qutis ha contado con la participación de Lucas Lamata y Jorge Casanova, actualmente en la Universidad de Ulm (Alemania). 

En este experimento, los investigadores han reproducido en el laboratorio la propuesta teórica recogida en una investigación previa liderada por el grupo Qutis, donde se describe la posibilidad de que un átomo atrapado pueda realizar comportamientos incompatibles con las leyes fundamentales de la física cuántica. 

Más concretamente, operaciones prohibidas en sistemas físicos microscópicos, como la conjugación de carga, que transforma partícula en antipartícula, o la inversión temporal, que invierte la dirección de la flecha del tiempo.

Experimento 

Para la realización del experimento fue necesario utilizar un átomo cargado y atrapado con campos electromagnéticos bajo la acción de un sistema avanzado de láseres. 

Este tipo de operaciones de simetría se pueden calificarlas como prohibidas, ya que sólo podrían existir en un universo distinto al que conocemos, con leyes distintas. Sin embargo, en este experimento se ha podido simular la realización de este conjunto de leyes imposibles en un sistema atómico. 

El grupo QUTIS de la UPV/EHU es líder mundial en simulación cuántica y sus influyentes propuestas teóricas son verificadas con frecuencia en los laboratorios más avanzados de tecnologías cuánticas. 

El algoritmo cuántico más avanzado 

Otro estudio suyo reciente que ha conseguido gran popularidad es el titulado Digital quantum simulation of fermionic models with a superconducting circuit (Simulación cuántica digital de modelos fermiónicos con un circuito superconductor), realizado en colaboración con el grupo de investigación de Google y la Universidad de California en Santa Bárbara, en el que se lleva a cabo el algoritmo cuántico más avanzado que se conoce y con el que consigue implementar una simulación cuántica de modelos electrónicos de materiales en circuitos superconductores. 

Este algoritmo se desarrolló en los laboratorios de circuitos superconductores de Google/UCSB basándose en ideas originales propuestas por el grupo Qutis. 

Los investigadores diseñaron un simulador digital de fermiones con más de 300 puertas lógicas cuánticas en un chip de 9 bits cuánticos. Los fermiones son partículas cuánticas, como los electrones, que son la base fundamental de los superconductores, las reacciones químicas o los procesos de altas energías. Su estudio es por tanto muy relevante, ya que es el primero en que se simulan estas partículas de forma universal con una arquitectura tan avanzada y de forma escalable, como es el caso de los circuitos superconductores a temperaturas criogénicas. 

Según destacaba Solano, "este experimento representa el primer simulador digital en una plataforma cuántica de estado sólido, superior al algoritmo cuántico más avanzado hecho en un computador cuántico".

viernes, 24 de julio de 2015



Nueva visión entre el límite de los sistemas clásico y los cuántico

La desigualdad de Bell es un teorema que se considera que sirve para distinguir los sistemas cuánticos de los clásicos. Sin embargo, un estudio de la Universidad de Rochester (EE.UU.) ha demostrado que lo único que diferencia son los sistemas entrelazados de los que no lo están, puesto que los sistemas clásicos también pueden tener entrelazamiento. (Fuente: Revista Optica, Universidad de Rochester,T21)

La teoría cuántica es uno de los grandes logros de la ciencia del siglo XX, y sin embargo, los físicos han luchado para encontrar un límite claro entre nuestro mundo cotidiano y lo que Albert Einstein llamó las características "fantasmales" del mundo cuántico, incluyendo gatos que pueden estar a la vez vivos y muertos y fotones que pueden comunicarse entre sí instantáneamente a través del espacio. 

Durante los últimos 60 años, la mejor guía para esa frontera ha sido un teorema llamado desigualdad de Bell, pero ahora un nuevo estudio muestra que la desigualdad de Bell no es el hito que se creía que era, lo que significa que a medida que el mundo de la computación cuántica trae la extrañeza cuántica más cerca de nuestra vida cotidiana, entendemos las fronteras de ese mundo peor de lo que creían los científicos. 

En el nuevo estudio, publicado en la revista Optica, los investigadores de la Universidad de Rochester (Nueva York, EE.UU.) muestran que un rayo clásico de luz del que se esperaría que obedeciera a la desigualdad de Bell puede fallar en esta prueba de laboratorio, si el haz está adecuadamente preparado para tener una característica particular: el entrelazamiento. 

No sólo la prueba de Bell no sirve para definir el límite, sino que los nuevos hallazgos no llevan los límites más profundamente en el reino cuántico, sino que hacen todo lo contrario: Muestran que algunas de las características del mundo real deben compartir un ingrediente clave del dominio cuántico. 

Este ingrediente clave se denomina entrelazamiento, exactamente la característica de la física cuántica que Einstein etiquetaba como fantasmal. Según Joseph Eberly, profesor de física y uno de los autores del artículo, lo que parece ahora es que la prueba de Bell sólo distingue los sistemas que se enredan o entrelazan de los que no lo son. No distingue si son "clásicos" o cuánticos. 

En el próximo artículo los investigadores explican cómo el entrelazamiento se puede encontrar en algo tan común como un rayo de luz.

Hacen falta dos 

Eberly explica en la nota de prensa de la universidad que "se necesitan dos para enredar". Por ejemplo, piense en dos manos aplaudiendo a ritmo. De lo que puede estar seguro es de que cuando la mano derecha se mueve hacia la derecha, la mano izquierda se mueve hacia la izquierda, y viceversa. 

Pero si se le pide que adivine sin escuchar o mirar si en algún momento la mano derecha se mueve hacia la derecha, o tal vez a la izquierda, no lo sabría. Pero a pesar de ello sabría que cualquier cosa que hiciera la mano derecha en ese momento, la mano izquierda estaría haciendo lo contrario. La capacidad de saber con certeza acerca de una propiedad común sin saber nada con certeza acerca de una propiedad individual es la esencia del entrelazamiento perfecto. 

Eberly agrega que muchos piensan en el entrelazamiento como una característica cuántica porque "Schrodinger acuñó el término para referirse a su famoso escenario del gato." Pero su experimento muestra que algunas de las características del mundo "real" deben compartir un ingrediente clave con el dominio del gato de Schrodinger: los enredos. 

La existencia del enredo clásico se señaló en 1980, pero Eberly explica que no pareció un concepto muy interesante, por lo que no fue explorado. A diferencia de entrelazamiento cuántico, el enredo clásico ocurre dentro de un mismo sistema. El efecto es todo local: no hay acción a distancia, no hay "fantasmalidad". 

Con este resultado, Eberly y sus colegas han demostrado experimentalmente "que la frontera no está donde se cree generalmente, y, además, que las desigualdades de Bell ya no deberían utilizarse para definir el límite" entre lo clásico y lo cuántico.

viernes, 26 de junio de 2015


Determinan las posibles biofirmas que emitirían exoplanetas habitados, para poder detectar vida desde la Tierra.

Investigadores de EEUU y de Escocia han definido “huellas” de reflectancia o brillo diferentes a las que emite la vegetación terrestre y que, detectadas en la señal espectral de planetas lejanos, podrían indicar la existencia de vida en estos. Las “huellas” resultarán útiles para tal fin si se combinan con otras biofirmas, como la presencia de oxígeno o metano en exoplanetas, explican los científicos. (Fuente: Universidad de Washington, Virtual Planetary Laboratory de dicha universidad y Universidad de Edimburgo, Escocia y T21)

La búsqueda de vida extraterrestre cada vez se aleja más de la ciencia ficción para convertirse en ciencia pura y dura. De hecho, desde hace un tiempo existe una disciplina científica conocida como Astrobiología que aúna astrofísica, biología y geología para la investigación de una posible presencia de vida en el conjunto del Universo.

Por ejemplo, instrumentos de rastreo que detecten señales moleculares de existencia de vida en otros planetas o que registren la contaminación dejada por supuestos organismos extraterrestres en otros mundos.

Ahora, investigadores de la Universidad de Washington (UW, EEUU), del Virtual Planetary Laboratory de dicha universidad, y de la Universidad de Edimburgo (Escocia) se plantean usar un nuevo enfoque para este mismo fin.

Para definirlo, se hicieron la siguiente pregunta: Si en otros planetas existieran organismos que no dependiesen totalmente de la fotosíntesis (como algunos de los organismos terrestres), ¿cómo se verían esos mundos desde distancias astronómicas?

Más allá del “borde rojo”

Para tratar de responder a esta cuestión, los científicos recurrieron a simulaciones informáticas. Así, determinaron que planetas donde abunden organismos con pigmentos no fotosintéticos –esto es, con pigmentos que procesan la luz con fines distintos al de la producción de energía- emitirían señales espectrales lo suficientemente potentes como para ser detectadas por telescopios que en la actualidad ya se están diseñando.

Estas señales serían “huellas” de reflectancia o brillo diferentes a las que emite la vegetación terrestre. Si mirásemos nuestro planeta desde años luz de distancia, veríamos cómo las plantas que lo pueblan le dan un matiz distintivo en el infrarrojo cercano, algo que los científicos denominan “red edge” o “borde rojo”. Esto se debe a la forma en que la clorofila de los vegetales absorbe las ondas de luz.

Otros planetas, en cambio, podrían emitir otros tipos de huellas de reflectancia (procedentes de organismos no fotosintéticos). Si estos tipos de huellas se conocieran, por tanto, podrían servir como indicadores o “biofirmas” de existencia de vida en ellos, explican los científicos en un comunicado de la Universidad de Washington.

Base de datos para el rastreo

Por eso, los investigadores decidieron medir la reflectancia de organismos terrestres con diferentes tipos de pigmentos no fotosintéticos, para definir sus biofirmas y comprender cómo estas se diferencian de las biofirmas de los organismos fotosintéticos.

“Con estos modelos podríamos determinar la posibilidad de detectar dichas firmas en exoplanetas”, afirman. Además, combinando esos modelos con los de otras biofirmas, como las que señalan la presencia de oxígeno o de metano, resultaría más fácil determinar si hay vida o no en otros mundos, concluyen. 

El Virtual Planetary Laboratory de la Universidad de Washington cuenta ya con una gran base de datos de espectros y pigmentos de organismos no fotosintéticos disponible al público, a la que se han añadido los datos del presente proyecto, financiado por el Astrobiology Institute de la NASA.

Uno de los investigadores implicados en esta investigación es el astrobiólogo de la Universidad de Edimburgo Charles Cockell que, en 2012, y tras realizar una investigación sobre cráteres terrestres provocados por impactos de asteroides, aseguraba que el subsuelo de los cráteres de Marte "podría ser un lugar prometedor para buscar pruebas de vida".

En una línea de trabajo cercana a la del estudio de la UW, científicos de la Universidad de Cornell en EEUU han desarrollado también recientemente un catálogo de colores de la luz que reflejan 137 microorganismos.

La finalidad de esta “lista” es la misma que la de la base de datos de la UW: identificar señales de vida a través del espectro de exoplanetas.

Estos otros investigadores se han fijado en los microorganismos porque creen que estos, capaces de resistir en casi cualquier entorno, podrían ser la forma de vida extraterrestre predominante en otros mundos.