miércoles, 27 de enero de 2016

Las grandes obras de la literatura universal también están formadas por fractales 

Aquellas basadas en el "fluir de conciencia" o escritura automática, como `Las Olas’ de Virginia Woolf, presentan una complejidad matemática aún mayor.(Fuente: Instituto de Física Nuclear de la Academia polaca de las Ciencias y T21)

Autores como George Eliot, James Joyce, Julio Cortázar o Virginia Woolf comparten, además de su grandeza literaria, una grandeza matemática, pues todos compusieron fractales en sus obras. Esto es lo que ha revelado un análisis estadístico realizado por físicos del Instituto de Física Nuclear de la Academia polaca de las Ciencias (IFJ PAN). ¿Podría aventurarse, a partir de estos resultados, que la conciencia y el lenguaje son tan fractales como otros componentes de la Naturaleza sino todos?

James Joyce, Julio Cortázar, Marcel Proust, Henryk Sienkiewicz y Umberto Eco. Sin importar el idioma en que estos autores escribieron, todos ellos, en algún sentido, construyeron fractales en sus obras. Esto es lo que ha revelado un análisis estadístico llevado a cabo en el Instituto de Física Nuclear de la Academia polaca de las Ciencias (IFJ PAN). 

El análisis reveló asimismo que cierto género literario en particular (vinculado al fluir de la conciencia) está constituido por multifractales. Es decir, genera fractales de fractales (dinámica de avalanchas), una estructura matemática especialmente compleja. 
  
Qué es un fractal 
  
En 1975,  el matemático Benoît Mandelbrot, propuso el término fractal (que deriva del Latín fractus: quebrado o fracturado), para nombrar a objetos geométricos cuya estructura básica, fragmentada o irregular, se repite a diferentes escalas. En el capítulo dos -“Shapes”- de la serie documental The Code , dirigida por Stephen Cooter, ilustra muy bien cómo los fractales son estructuras constituyentes de las formas más complejas de la Naturaleza.

En esta película se explica cómo uno de los creadores de la compañía cinematográfica Pixar descubrió en los años 80 (tras leer a Mandelbrot) que repitiendo un gran número de veces una misma figura geométrica (por ejemplo, un triángulo) podían generarse entornos extremadamente realistas para dibujos animados. Esos entornos reflejaban elementos que, en la Naturaleza, nos parecen formados sin seguir patrón alguno, como la orografía montañosa o las nubes. 

Por tanto, los fractales nos muestran que las formas complejas de la Naturaleza tienen un componente de reiteración geométrica. ¿Puede suceder eso mismo también en el lenguaje? ¿Es que nada escapa a las matemáticas? 

La literatura no?

Los físicos del IFJ PAN afirman que la literatura no lo hace. Alcanzaron esta conclusión tras realizar un análisis estadístico detallado de 113 obras célebres de la literatura universal, escritas en inglés, francés, alemán, italiano, polaco, ruso y español; y representativas de diversos géneros literarios. 
  
Fueron las obras de autores como Honoré de Balzac, Arthur Conan Doyle, Julio Cortázar, Charles Dickens, Fyodor Dostoevsky, Alejandro Dumas, Umberto Eco, George Elliot (seudónimo que empleó la escritora británica Mary Anne Evans), Victor Hugo, James Joyce, Thomas Mann, Marcel Proust, Wladyslaw Reymont, William Shakespeare, Henryk Sienkiewicz, JRR Tolkien, León Tolstoi o Virginia Woolf, entre otros. Las obras seleccionadas tenían una extensión de al menos 5.000 frases, con el fin de garantizar la fiabilidad estadística. 
  
En concreto, lo que se analizó de estos libros fueron las correlaciones en las variaciones de longitud de todas sus oraciones (un método alternativo, que consistió en contar los caracteres de la frase resultó no tener un impacto importante en las conclusiones). La longitud de las oraciones fue medida, a su vez, en función de su número de palabras. 

Se comprobó así que "todas las obras examinadas mostraban autosimilitud en cuanto a la organización de las longitudes de las frases”, afirman los físicos. Es decir, están gobernadas por la dinámica de los fractales o su composición es un fractal.
  
El análisis arrojó asimismo un resultado aún más interesante, si cabe: Algunas de las obras analizadas presentaban una complejidad matemática excepcional comparable a la de objetos matemáticos complejos; considerados multifractales.   
  
Como hemos dicho, los fractales son objetos matemáticos autosimilares: cuando empezamos a ampliar un fragmento u otro, lo que emerge es una estructura que se asemeja al objeto original. Fractales típicos, como el triángulo de Sierpinski o  el conjunto de Mandelbrot, son monofractales, lo que significa que el ritmo de la ampliación en cualquier lugar de un fractal es el mismo; es lineal. 
  
Los multifractales, por su parte, son estructuras matemáticas fractales más avanzadas que los monofractales. Surgen de fractales 'entretejidos' entre sí proporcionalmente. Así que no son simplemente la suma de fractales ni pueden ser divididos para volver de nuevo a sus componentes originales, debido a la manera (no lineal) en que están entrañados los unos con los otros. 
  
Cuando los físicos comenzaron a rastrear en los libros una correlación no lineal entre las extensiones de sus frases, detectaron que en la mayoría de las obras aparecían multifractales en un grado leve o moderado. Sin embargo, más de una docena de libros revelaron una estructura multifractal muy clara. 
  
Resultó que casi todas estas obras fueron representantes de un mismo género: el de la corriente o fluir de conciencia.  "El récord absoluto en términos de multifractalidad resultó ser Finnegans Wake de James Joyce. Los resultados de nuestro análisis de este texto son prácticamente indistinguibles de los multifractales ideales, puramente matemáticos", afirma Drozdz. 
  
Otras obras muy multifractales fueron Rayuela , de Julio Cortázar, o Las olas de Virginia Woolf. En cambio, y aunque está considerada como una obra vinculada al “fluir de conciencia”, no se halló multifractalidad en A la búsqueda del tiempo perdido, de Marcel Proust. 
  
Especulación y aspectos prácticos 
  
"No está del todo claro si la corriente de la escritura de conciencia en realidad revela las cualidades más profundas de nuestra conciencia ”, dice Drozdz. Pero, de ser así, ¿podría derivarse de estos hallazgos que la conciencia y el lenguaje son tan fractales como otros elementos de la Naturaleza? Al fin y al cabo, esta –sabemos por Pixar-, cobra sus múltiples formas gracias a los fractales.   

De hecho, hoy día, los multifractales se usan para estudiar otros elementos tan "naturales" como el cáncer, el sol o el universo. ¿Podría ser que esta forma de recursividad también se encuentre en la conciencia y el lenguaje? Especulación o no, la cuestión es apasionante y genera toda una “dinámica de avalanchas” de otras preguntas.   

En términos prácticos, Drozdz y su equipo señalan que su sistema estadístico podría servir, en última instancia, para determinar el género de cualquier obra, una determinación que, algunas veces, es demasiado subjetiva.

Matemáticas y literatura 
  
En los últimos años, las matemáticas también se han usado para establecer patrones en estilos narrativos de una misma época (Hughes, J.M., 2012) o para encontrar la huella literaria de los escritores. 

Además, desde siempre se ha usado en la poesía, a menudo organizada en su composición de manera tan matemática como la música, véanse, por ejemplo, algunas estructuras métricas como el soneto o la sextina.

viernes, 22 de enero de 2016


Las partículas perciben las cuatro dimensiones de forma diferente según su energía describiendo un "arco iris". (Fuente: Universidad de Polonia y T21)

Físicos teóricos de la Universidad de Varsovia (Polonia) han demostrado que el espacio-tiempo produce una especie de arco iris como el de la luz, es decir, que las partículas perciben el espacio-tiempo de forma diferente según su energía.

Cuando la luz blanca pasa a través de un prisma, el arco iris que aparece al otro lado revela una rica paleta de colores. Físicos teóricos de la Universidad de Varsovia han demostrado que en los modelos del Universo que utilizan alguna de las teorías cuánticas de la gravedad también debe haber un "arco iris" parecido, compuesto por diferentes versiones del espacio-tiempo. 

El mecanismo predice que en lugar de un solo espacio-tiempo común, las partículas de diferentes energías básicamente perciben versiones ligeramente modificadas del mismo. 

Probablemente todos hemos visto el experimento: cuando la luz blanca pasa a través de un prisma se divide para formar un arco iris. Esto es porque la luz blanca es de hecho una mezcla de fotones de diferentes energías, y cuanto mayor es la energía del fotón, más lo desvía el prisma. 

Por lo tanto, podríamos decir que el arco iris se debe a que los fotones de diferentes energías sienten el mismo prisma con propiedades ligeramente diferentes. Desde hace años se ha sospechado que las partículas de diferentes energías de los modelos cuánticos del universo sienten el espacio-tiempo con estructuras ligeramente diferentes. 

Estas hipótesis no se derivaban de la teoría cuántica, sin embargo, sino que se basaban en conjeturas. Ahora, el grupo de la universidad polaca, dirigido por Jerzy Lewandowski, ha formulado un mecanismo general responsable de la aparición de un arco iris espacio-tiemporal. 

"Hace dos años informamos de que en nuestros modelos cosmológicos cuánticos, los diferentes tipos de partículas sienten la existencia de espacio-tiempos con propiedades ligeramente diferentes. Ahora resulta que la situación es aún más complicada. Hemos descubierto un mecanismo verdaderamente genérico, por lo que el tejido del espacio-tiempo sentido por una partícula dada debe variar en función no sólo de su tipo, sino incluso de su energía ", dice el profesor Lewandowski en la nota de prensa de la universidad. 

En el debate actual los físicos de Varsovia están utilizando un modelo cosmológico que contiene sólo dos componentes: la gravedad y un tipo de materia. Bajo la teoría general de la relatividad, un campo gravitatorio se describe como deformaciones del espacio-tiempo, mientras que la materia se representa como un campo escalar (el tipo más simple de campo, en el que a cada punto del espacio se le asigna un único valor). 

"Hoy en día hay muchas teorías que compiten con la gravedad cuántica. Por lo tanto, formulamos nuestro modelo en términos muy generales de modo que se pueda aplicar a cualquiera de ellos. Alguien podría asumir el tipo de campo gravitatorio -que en la práctica equivale al espacio-tiempo- que se postula en una teoría cuántica, y otra persona podría asumir otro. Algunos operadores matemáticos del modelo cambian, pero no la naturaleza de los fenómenos que ocurren en él", explica el estudiante de doctorado Andrea Dapor (UW Física). 

El modelo así diseñado fue luego cuantizado : en otras palabras, los valores continuos, que pueden diferir entre sí en cualquier cuantía arbitrariamente pequeña, se convierten en valores discretos, que sólo pueden diferir en intervalos específicos (cuantos). 

La investigación sobre la dinámica del modelo cuantizado reveló un resultado sorprendente: los procesos modelados usando la teoría cuántica sobre el espacio-tiempo cuántico mostraron la misma dinámica que cuando la teoría cuántica se aplica a un espacio-tiempo continuo clásico, es decir, el que conocemos de la experiencia cotidiana. 

"Este resultado es simplemente asombroso. Empezamos con el mundo difuso de la geometría cuántica, donde incluso es difícil decir cuál es el tiempo y lo que es el espacio, y sin embargo, los fenómenos que ocurren en nuestro modelo cosmológico se ven ¡como si estuvieran sucediendo en el espacio-tiempo ordinario!", dice el estudiante de doctorado Mehdi Assanioussi. 

Las cosas dieron un giro aún más interesante cuando los físicos observaron excitaciones del campo escalar, que es interpretado como partículas. Los cálculos demostraron que en este modelo las partículas que difieren en términos de energía interactúan con el espacio-tiempo cuántico de manera algo diferente -del mismo modo que los fotones de diferentes energías interactúan con un prisma de manera algo diferente. Este resultado significa que incluso la estructura efectiva del espacio-tiempo clásico detectada por partículas individuales debe depender de su energía.

La aparición de un arco iris normal se puede describir en términos de un índice de refracción, cuyo valor varía en función de la longitud de onda de la luz. En el caso del arco iris análogo del espacio-tiempo, se propone una relación similar: la función beta, una medida del grado en que la estructura del espacio-tiempo clásico difiere según la experiencia de las diferentes partículas. 

Esta función refleja el grado de no-clasicidad del espacio-tiempo cuántico: en condiciones similares a las clásicas, la función es casi 0, mientras que en condiciones verdaderamente cuánticas su valor es cercano a 1. 

Hoy en día el Universo está en un estado de tipo clásico, por lo que el valor beta debe estar cerca de 0, y las estimaciones realizadas por otros grupos de físicos de hecho sugieren que no excede de 0,01. Este pequeño valor para la función beta significa que actualmente el arco iris espacio-temporal es muy estrecho y no puede ser detectado experimentalmente. 

La gravedad cuántica detrás del efecto

El estudio realizado por los teóricos de Varsovia, financiados por subvenciones del Centro Nacional de Ciencias de Polonia, ha dado otra conclusión interesante: el arco iris del espacio-tiempo es el resultado de la gravedad cuántica. 

Los físicos en general comparten la opinión de que los efectos de este tipo sólo se hacen visibles en energías gigantescas cerca de la energía de Planck, miles de millones de millones de veces la energía de las partículas que se aceleran en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) de Ginebra (Suiza). Sin embargo, el valor de la función beta depende del tiempo, y en los momentos cercanos a la gran explosión podría haber sido mucho mayor. 

Cuando beta está cerca de 1, el arco iris del espacio-tiempo se expande considerablemente. Como resultado, en tales condiciones quizás se pudo observar el efecto arco iris de la gravedad cuántica incluso a energías de partículas cientos de veces más pequeñas que la energía de los protones del LHC.

viernes, 2 de octubre de 2015

Crean un simulador cuántico que recrea fenómenos físicos imposibles

Investigadores de la Universidad del País Vasco, en colaboración con colegas chinos, han creado un simulador cuántico que permite fenómenos físicos imposibles, a nivel atómico. Por ejemplo, operaciones prohibidas en sistemas físicos microscópicos, como la inversión temporal, que invierte la dirección de la flecha del tiempo. Los científicos lo denominan 'teatro' cuántico. (Fuente: QUTIS y Universidad de Tsinghua)

El grupo de investigación Quantum Technologies for Information Science (Qutis) de la Universidad del País Vasco/EHU, liderado por el profesor Enrique Solano, en colaboración con un grupo experimental de la Universidad de Tsinghua (Pekín, China) dirigido por el profesor Kihwan Kim, ha creado un simulador cuántico que es capaz de crear fenómenos no físicos en el mundo atómico, es decir, fenómenos físicos imposibles. 

Los investigadores de ambos grupos han logrado que un átomo atrapado imite comportamientos que contradicen a sus propias leyes fundamentales, llevando los elementos de la ciencia ficción al mundo microscópico. "Hemos conseguido que un átomo actúe como si violase la naturaleza de los sistemas atómicos, es decir, la física cuántica y la teoría de la relatividad. Al igual que sucede en el teatro o en las películas de ciencia ficción, donde los actores parecen mostrar comportamientos absurdos que van en contra de las leyes naturales, en este caso, los átomos son obligados a simular acciones absurdas como si se tratara de un actor de teatro o ficción", explica el profesor Solano en la nota de prensa de la UPV. 

Los resultados de esta investigación han sido publicados en la revista Nature Communications, en el artículo Time reversal and charge conjugation in an embedding quantum simulator (La inversión del tiempo y la conjugación de carga en un simulador cuántico generalizado). El equipo de Qutis ha contado con la participación de Lucas Lamata y Jorge Casanova, actualmente en la Universidad de Ulm (Alemania). 

En este experimento, los investigadores han reproducido en el laboratorio la propuesta teórica recogida en una investigación previa liderada por el grupo Qutis, donde se describe la posibilidad de que un átomo atrapado pueda realizar comportamientos incompatibles con las leyes fundamentales de la física cuántica. 

Más concretamente, operaciones prohibidas en sistemas físicos microscópicos, como la conjugación de carga, que transforma partícula en antipartícula, o la inversión temporal, que invierte la dirección de la flecha del tiempo.

Experimento 

Para la realización del experimento fue necesario utilizar un átomo cargado y atrapado con campos electromagnéticos bajo la acción de un sistema avanzado de láseres. 

Este tipo de operaciones de simetría se pueden calificarlas como prohibidas, ya que sólo podrían existir en un universo distinto al que conocemos, con leyes distintas. Sin embargo, en este experimento se ha podido simular la realización de este conjunto de leyes imposibles en un sistema atómico. 

El grupo QUTIS de la UPV/EHU es líder mundial en simulación cuántica y sus influyentes propuestas teóricas son verificadas con frecuencia en los laboratorios más avanzados de tecnologías cuánticas. 

El algoritmo cuántico más avanzado 

Otro estudio suyo reciente que ha conseguido gran popularidad es el titulado Digital quantum simulation of fermionic models with a superconducting circuit (Simulación cuántica digital de modelos fermiónicos con un circuito superconductor), realizado en colaboración con el grupo de investigación de Google y la Universidad de California en Santa Bárbara, en el que se lleva a cabo el algoritmo cuántico más avanzado que se conoce y con el que consigue implementar una simulación cuántica de modelos electrónicos de materiales en circuitos superconductores. 

Este algoritmo se desarrolló en los laboratorios de circuitos superconductores de Google/UCSB basándose en ideas originales propuestas por el grupo Qutis. 

Los investigadores diseñaron un simulador digital de fermiones con más de 300 puertas lógicas cuánticas en un chip de 9 bits cuánticos. Los fermiones son partículas cuánticas, como los electrones, que son la base fundamental de los superconductores, las reacciones químicas o los procesos de altas energías. Su estudio es por tanto muy relevante, ya que es el primero en que se simulan estas partículas de forma universal con una arquitectura tan avanzada y de forma escalable, como es el caso de los circuitos superconductores a temperaturas criogénicas. 

Según destacaba Solano, "este experimento representa el primer simulador digital en una plataforma cuántica de estado sólido, superior al algoritmo cuántico más avanzado hecho en un computador cuántico".

viernes, 24 de julio de 2015



Nueva visión entre el límite de los sistemas clásico y los cuántico

La desigualdad de Bell es un teorema que se considera que sirve para distinguir los sistemas cuánticos de los clásicos. Sin embargo, un estudio de la Universidad de Rochester (EE.UU.) ha demostrado que lo único que diferencia son los sistemas entrelazados de los que no lo están, puesto que los sistemas clásicos también pueden tener entrelazamiento. (Fuente: Revista Optica, Universidad de Rochester,T21)

La teoría cuántica es uno de los grandes logros de la ciencia del siglo XX, y sin embargo, los físicos han luchado para encontrar un límite claro entre nuestro mundo cotidiano y lo que Albert Einstein llamó las características "fantasmales" del mundo cuántico, incluyendo gatos que pueden estar a la vez vivos y muertos y fotones que pueden comunicarse entre sí instantáneamente a través del espacio. 

Durante los últimos 60 años, la mejor guía para esa frontera ha sido un teorema llamado desigualdad de Bell, pero ahora un nuevo estudio muestra que la desigualdad de Bell no es el hito que se creía que era, lo que significa que a medida que el mundo de la computación cuántica trae la extrañeza cuántica más cerca de nuestra vida cotidiana, entendemos las fronteras de ese mundo peor de lo que creían los científicos. 

En el nuevo estudio, publicado en la revista Optica, los investigadores de la Universidad de Rochester (Nueva York, EE.UU.) muestran que un rayo clásico de luz del que se esperaría que obedeciera a la desigualdad de Bell puede fallar en esta prueba de laboratorio, si el haz está adecuadamente preparado para tener una característica particular: el entrelazamiento. 

No sólo la prueba de Bell no sirve para definir el límite, sino que los nuevos hallazgos no llevan los límites más profundamente en el reino cuántico, sino que hacen todo lo contrario: Muestran que algunas de las características del mundo real deben compartir un ingrediente clave del dominio cuántico. 

Este ingrediente clave se denomina entrelazamiento, exactamente la característica de la física cuántica que Einstein etiquetaba como fantasmal. Según Joseph Eberly, profesor de física y uno de los autores del artículo, lo que parece ahora es que la prueba de Bell sólo distingue los sistemas que se enredan o entrelazan de los que no lo son. No distingue si son "clásicos" o cuánticos. 

En el próximo artículo los investigadores explican cómo el entrelazamiento se puede encontrar en algo tan común como un rayo de luz.

Hacen falta dos 

Eberly explica en la nota de prensa de la universidad que "se necesitan dos para enredar". Por ejemplo, piense en dos manos aplaudiendo a ritmo. De lo que puede estar seguro es de que cuando la mano derecha se mueve hacia la derecha, la mano izquierda se mueve hacia la izquierda, y viceversa. 

Pero si se le pide que adivine sin escuchar o mirar si en algún momento la mano derecha se mueve hacia la derecha, o tal vez a la izquierda, no lo sabría. Pero a pesar de ello sabría que cualquier cosa que hiciera la mano derecha en ese momento, la mano izquierda estaría haciendo lo contrario. La capacidad de saber con certeza acerca de una propiedad común sin saber nada con certeza acerca de una propiedad individual es la esencia del entrelazamiento perfecto. 

Eberly agrega que muchos piensan en el entrelazamiento como una característica cuántica porque "Schrodinger acuñó el término para referirse a su famoso escenario del gato." Pero su experimento muestra que algunas de las características del mundo "real" deben compartir un ingrediente clave con el dominio del gato de Schrodinger: los enredos. 

La existencia del enredo clásico se señaló en 1980, pero Eberly explica que no pareció un concepto muy interesante, por lo que no fue explorado. A diferencia de entrelazamiento cuántico, el enredo clásico ocurre dentro de un mismo sistema. El efecto es todo local: no hay acción a distancia, no hay "fantasmalidad". 

Con este resultado, Eberly y sus colegas han demostrado experimentalmente "que la frontera no está donde se cree generalmente, y, además, que las desigualdades de Bell ya no deberían utilizarse para definir el límite" entre lo clásico y lo cuántico.

viernes, 26 de junio de 2015


Determinan las posibles biofirmas que emitirían exoplanetas habitados, para poder detectar vida desde la Tierra.

Investigadores de EEUU y de Escocia han definido “huellas” de reflectancia o brillo diferentes a las que emite la vegetación terrestre y que, detectadas en la señal espectral de planetas lejanos, podrían indicar la existencia de vida en estos. Las “huellas” resultarán útiles para tal fin si se combinan con otras biofirmas, como la presencia de oxígeno o metano en exoplanetas, explican los científicos. (Fuente: Universidad de Washington, Virtual Planetary Laboratory de dicha universidad y Universidad de Edimburgo, Escocia y T21)

La búsqueda de vida extraterrestre cada vez se aleja más de la ciencia ficción para convertirse en ciencia pura y dura. De hecho, desde hace un tiempo existe una disciplina científica conocida como Astrobiología que aúna astrofísica, biología y geología para la investigación de una posible presencia de vida en el conjunto del Universo.

Por ejemplo, instrumentos de rastreo que detecten señales moleculares de existencia de vida en otros planetas o que registren la contaminación dejada por supuestos organismos extraterrestres en otros mundos.

Ahora, investigadores de la Universidad de Washington (UW, EEUU), del Virtual Planetary Laboratory de dicha universidad, y de la Universidad de Edimburgo (Escocia) se plantean usar un nuevo enfoque para este mismo fin.

Para definirlo, se hicieron la siguiente pregunta: Si en otros planetas existieran organismos que no dependiesen totalmente de la fotosíntesis (como algunos de los organismos terrestres), ¿cómo se verían esos mundos desde distancias astronómicas?

Más allá del “borde rojo”

Para tratar de responder a esta cuestión, los científicos recurrieron a simulaciones informáticas. Así, determinaron que planetas donde abunden organismos con pigmentos no fotosintéticos –esto es, con pigmentos que procesan la luz con fines distintos al de la producción de energía- emitirían señales espectrales lo suficientemente potentes como para ser detectadas por telescopios que en la actualidad ya se están diseñando.

Estas señales serían “huellas” de reflectancia o brillo diferentes a las que emite la vegetación terrestre. Si mirásemos nuestro planeta desde años luz de distancia, veríamos cómo las plantas que lo pueblan le dan un matiz distintivo en el infrarrojo cercano, algo que los científicos denominan “red edge” o “borde rojo”. Esto se debe a la forma en que la clorofila de los vegetales absorbe las ondas de luz.

Otros planetas, en cambio, podrían emitir otros tipos de huellas de reflectancia (procedentes de organismos no fotosintéticos). Si estos tipos de huellas se conocieran, por tanto, podrían servir como indicadores o “biofirmas” de existencia de vida en ellos, explican los científicos en un comunicado de la Universidad de Washington.

Base de datos para el rastreo

Por eso, los investigadores decidieron medir la reflectancia de organismos terrestres con diferentes tipos de pigmentos no fotosintéticos, para definir sus biofirmas y comprender cómo estas se diferencian de las biofirmas de los organismos fotosintéticos.

“Con estos modelos podríamos determinar la posibilidad de detectar dichas firmas en exoplanetas”, afirman. Además, combinando esos modelos con los de otras biofirmas, como las que señalan la presencia de oxígeno o de metano, resultaría más fácil determinar si hay vida o no en otros mundos, concluyen. 

El Virtual Planetary Laboratory de la Universidad de Washington cuenta ya con una gran base de datos de espectros y pigmentos de organismos no fotosintéticos disponible al público, a la que se han añadido los datos del presente proyecto, financiado por el Astrobiology Institute de la NASA.

Uno de los investigadores implicados en esta investigación es el astrobiólogo de la Universidad de Edimburgo Charles Cockell que, en 2012, y tras realizar una investigación sobre cráteres terrestres provocados por impactos de asteroides, aseguraba que el subsuelo de los cráteres de Marte "podría ser un lugar prometedor para buscar pruebas de vida".

En una línea de trabajo cercana a la del estudio de la UW, científicos de la Universidad de Cornell en EEUU han desarrollado también recientemente un catálogo de colores de la luz que reflejan 137 microorganismos.

La finalidad de esta “lista” es la misma que la de la base de datos de la UW: identificar señales de vida a través del espectro de exoplanetas.

Estos otros investigadores se han fijado en los microorganismos porque creen que estos, capaces de resistir en casi cualquier entorno, podrían ser la forma de vida extraterrestre predominante en otros mundos.

miércoles, 20 de mayo de 2015


Nuevos pasos hacia la computación fotónica

Ingenieros de la Universidad de Utah han desarrollado un divisor de haz ultracompacto para dividir las ondas de luz en dos canales de información, lo que permitirá crear chips fotónicos de silicio que computen datos con luz, en lugar de con electrones, lo cual acelerará mucho los procesos de computación. (Fuente: Universidad de Utah, T21)

Ingenieros de la Universidad de Utah (EE.UU.) han dado un paso adelante en la creación de la próxima generación de ordenadores y dispositivos móviles con velocidades millones de veces más rápidas que las máquinas actuales. Han desarrollado un divisor de haz ultracompacto - el más pequeño del que haya registro- para dividir las ondas de luz en dos canales separados de información. El dispositivo acerca a los investigadores a la producción de chips fotónicos de silicio que computen y transporten datos con luz en lugar de electrones. El profesor de Ingeniería Eléctrica y Computación Rajesh Menon y sus colegas describen su invención en la revista Nature Photonics.

La fotónica de silicio podría aumentar significativamente la fuerza y la velocidad de las máquinas, como las supercomputadoras, servidores de centros de datos y los equipos especializados que dirigen los coches autónomos y los drones con detección de colisiones. Con el tiempo, la tecnología podría llegar a los ordenadores personales y dispositivos móviles y mejorar las aplicaciones, desde los juegos hasta el streaming de vídeo.

"La luz es la cosa más rápida que se puede utilizar para transmitir información", explica Menon en la nota de prensa de la universidad. "Pero esa información tiene que ser convertido a electrones cuando entra en su computadora portátil. En esa conversión, se frenan las cosas. La idea es hacer todo con luz."

Los fotones de luz llevan la información a través de Internet a través de redes de fibra óptica. Pero una vez que un flujo de datos alcanza un destino en el hogar o la oficina, los fotones se deben convertir en electrones antes de que un router o un ordenador pueda manejar la información. Ese cuello de botella podría eliminarse si el flujo de datos se mantuviera en forma de luz dentro de los procesadores de ordenador.

"Con toda en forma de luz, la computación puede ser con el tiempo millones de veces más rápida", dice Menon.

Divisor de haz

Para ayudar a hacer eso, los ingenieros crearon una forma mucho más pequeña de divisor de haz por polarización (que parece algo así como un código de barras) en la parte superior de un chip de silicio que puede dividir la luz guiada entrante en sus dos componentes.

Antes, un divisor de haz así tenía más de 100 por 100 micras. Gracias a un nuevo algoritmo para diseñar el divisor, el equipo de Menon lo ha reducido a 2,4 por 2,4 micras, un quinto del grosor de un cabello humano y cercano al límite de lo que es físicamente posible.

El divisor de haz sería sólo uno de una multitud de dispositivos pasivos colocados en un chip de silicio para dirigir las ondas de luz de diferentes maneras. Al hacerlos más pequeños, los investigadores podrán meter millones de estos dispositivos en un solo chip.

Las ventajas potenciales van más allá de la velocidad de procesamiento. El diseño del equipo de Utah sería barato de producir, ya que utiliza técnicas de fabricación existentes para la creación de chips de silicio. Y debido a que los chips fotónicos transportan fotones en lugar de electrones, los dispositivos móviles como teléfonos inteligentes o tabletas construidas con esta tecnología consumirían menos energía, tendrían mayor duración de batería y generarían menos calor que los dispositivos móviles existentes.

Las primeras supercomputadoras que usen la fotónica de silicio -ya en fase de desarrollo en empresas como Intel e IBM- utilizarán procesadores híbridos que permanecerán electrónicos en parte. Menon cree que su divisor de haz se podría utilizar en esas computadoras en unos tres años. Los centros de datos que requieren conexiones más rápidas entre computadoras también podrían implementar la tecnología pronto, añade.

miércoles, 22 de abril de 2015

Explican por qué “la mayor estructura jamás identificada por la humanidad” es tan fría

Punto Frío WMAP (dentro de círculo). Imagen: Rudnick/NRAO/AUI/NSF, NASA. Fuente: Wikipedia.

En el año 2004, un equipo de astrónomos descubrió una región del Universo extraordinariamente grande, y tan fría que se consideró una rareza. Fue bautizada como Punto Frío WMAP. Ahora, astrónomos de la Universidad de Hawai en Manoa han descubierto que un supervacío situado entre nosotros y la zona es lo que haría que esta parezca mucho más fría de lo esperado, según las predicciones teóricas sobre el cosmos. (Fuente: Universidad de Hawai, Manoa y T.21)

En el año 2004, un equipo de astrónomos, al examinar un mapa de la radiación dejada por el Big Bang o explosión que dio origen al cosmos (radiación que se conoce como “fondo cósmico de microondas” o CMB), descubrieron algo muy extraño: una región del Universo extraordinariamente grande y tan fría que se consideró una rareza; pues se piensa que las temperaturas de las microondas del CMB son bastante homogéneas (no variarían en más de 10-5 a lo largo de todo el cielo). La región estaba situada en el hemisferio sur de la esfera celeste, en dirección a la constelación de Eridanus.

Bautizada como Punto Frío WMAP o Punto Frío CMB, esta zona ha sido desde entonces fuente de extrañeza, pues aunque la física que explica el Big Bang predice lugares más o menos cálidos o fríos, de distintos tamaños, en el universo; no predice la existencia de un lugar tan grande y tan frío.

En 2009, dos astrónomos de la Universidad de Michigan en Ann Arbor (EEUU) señalaron que dicho Punto Frío en realidad podía ser fruto del método estadístico usado para analizar los datos del Wide Field Survey Explorer (WISE) de la NASA, que fue el satélite que lo detectó. En otras palabras, que podía ser el producto “de una base particular de funciones de onda ”, escribieron en Astroparticle Physics ). 

Ahora, un equipo de astrónomos dirigido por el Dr. István Szapudi, del Instituto de Astronomía de la Universidad de Hawai en Manoa, aporta una explicación alternativa para el Punto Frío WMAP que podría ser, según declaraciones de Szapudi en un comunicado de dicha Universidad, "la mayor estructura jamás identificada por la humanidad".

Un supervacío está en medio

La explicación parte de la idea de que el Punto Frío WMAP estaría ocasionado por alguna estructura situada entre nosotros y el fondo cósmico de microondas o CMB. Este hecho indicaría, por tanto, que habría otra estructura extremadamente rara y grande en la distribución de la masa del universo.

Para tratar de constatar esta idea, los científicos utilizaron, además de los datos del WISE, datos del telescopio Pan-STARRS1 (PS1) de Hawai, ubicado en Haleakala, Maui.

A partir de todas estas informaciones encontraron un gran supervacío entre el observador (ellos) y el CMB: una vasta región de 1.800 millones de años luz de  diámetro, en la que la densidad de las galaxias es mucho menor de lo habitual en el universo conocido. Resulta que estudios previos realizados también en Hawai ya habían observado un área de este tipo en la dirección del Punto Frío WMAP, aunque mucho más pequeña. 

El supervacío recién hallado se encuentra a unos tres mil millones de años luz de  nosotros, una distancia relativamente corta en el esquema cósmico de las cosas.

¿Qué tiene que ver?

¿Pero cómo esta estructura puede determinar las características del Punto Frío WMAP? Los científicos de la Universidad de Hawai lo explican de la siguiente forma: Imagine que hay un enorme vacío, con muy poca materia, entre usted y el CMB.

Ahora piense en ese supervacío como en una colina. A medida que la luz lo atraviesa, esta debe subir la colina (gastando energía). Si el universo no estuviera sufriendo una expansión acelerada, el supervacío no evolucionaría de manera significativa a medida que la luz lo atraviesa. Por tanto, cuando la luz descendiera la colina por el otro lado, recuperaría la energía que perdió al subirla, a medida que sale.

Pero, como el universo se está expandiendo continuamente y, además, esa expansión está acelerada; la colina se va estirando a medida que la luz se desplaza por ella. Como consecuencia, la colina es más plana cuando la luz desciende por ella que cuando la subió, lo que tiene como consecuencia que la luz no pueda recoger toda la energía que perdió antes. Así que sale del supervacío con menos energía y, por tanto, con una mayor longitud de onda, esto es, con una temperatura más fría.

Este proceso explicaría por qué el Punto Frío WMAP “parece” más frío de lo que cabría esperar. Se debe tener en cuenta que los fotones o partículas de luz del CMB fluctúan –según el efecto mensurable Sachs-Wolfe integrado o ISW- esto es, que el espectro del CMB puede parecer desigual. También que atravesar un supervacío puede llevar millones de años, incluso a la velocidad de la luz, tiempo suficiente para que la "colina se aplane". 

Otro vacío en la constelación de Draco

Aunque la existencia del supervacío y su supuesto efecto sobre el CMB no expliquen totalmente el Punto Frío WMAP, lo cierto es que resulta poco probable que sea una coincidencia que ambos se encuentren en el mismo lugar, explican los investigadores.

El equipo continuará su trabajo a partir de datos mejorados, tanto para profundizar en la comprensión del supervacío recién hallado, como para estudiar otro gran vacío situado cerca de la constelación de Draco.

miércoles, 4 de marzo de 2015

 
Primera imagen de la luz comportándose como onda y partícula al mismo tiempo
Científicos suizos consiguen reflejar esta naturaleza dual mediante el uso de electrones (Fuente: EPFL, Escuela Politècnica de Lausana, Suiza, T21)

 
La luz se comporta por igual como partícula y como onda. Desde la época de Einstein, los científicos han estado tratando de observar directamente estos dos aspectos de la luz al mismo tiempo. Ahora, científicos de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) han conseguido captar la primera instantánea de este comportamiento dual, mediante el uso de electrones. La mecánica cuántica nos dice que la luz puede comportarse al mismo tiempo como partícula y como onda. Sin embargo, nunca ha habido un experimento capaz de capturar ambas naturalezas de la luz al mismo tiempo; el más cercano que hemos llegado es verla como onda o como partícula, pero siempre en momentos diferentes. Adoptando un enfoque experimental radicalmente diferente, científicos de la EPFL (Escuela Politécnica Federal de Lausana, Suiza) han sido capaces de tomar la primera instantánea de la luz comportándose como onda y partícula a la vez. La novedosa investigación se publica en Nature Communications.

 Cuando la luz ultravioleta golpea una superficie de metal, causa una emisión de electrones. Albert Einstein explicó este efecto "fotoeléctrico" proponiendo que la luz -que se pensaba que era solamente una onda- es también un flujo de partículas. A pesar de que una gran variedad de experimentos han observado con éxito tanto los comportamientos de onda como los de partícula, nunca han podido observar ambos al mismo tiempo.
 
Un nuevo enfoque en un efecto clásico
 
Un equipo de investigación dirigido por Fabrizio Carbone ha llevado a cabo un experimento con un giro astuto: Usar electrones para obtener una imagen de la luz. Los investigadores han capturado, por primera vez en la historia, una sola instantánea de la luz comportándose simultáneamente como una onda y como una corriente de partículas. El experimento se ha configurado así: Un pulso de luz láser es disparado hacia un pequeño nanocable metálico. El láser añade energía a las partículas cargadas del nanocable, haciendo que vibren. La luz viaja a lo largo de este pequeño cable en dos direcciones posibles, como los coches en una autopista. Cuando las ondas que viajan en direcciones opuestas se encuentran, forman una nueva onda que parece que está detenida. Esta onda estacionaria se convierte en la fuente de luz para el experimento, irradiando alrededor del nanocable.
 
El truco del experimento
 
 Aquí es donde viene el truco del experimento: Los científicos dispararon una corriente de electrones cerca del nanocable, usándolos para obtener una imagen de la onda estacionaria de luz. A medida que los electrones interactuaban con la luz confinada en los nanocables, o bien se aceleraban o se ralentizaban. Utilizando el microscopio ultrarrápido para obtener una imagen de la posición en la que se producía este cambio de velocidad, el equipo de Carbone pudo visualizar la onda estacionaria, que actuaba como una huella dactilar de la naturaleza ondulatoria de la luz. Si bien este fenómeno muestra la naturaleza de onda de la luz, demuestra simultáneamente su aspecto de partícula también. A medida que los electrones pasan cerca de la onda estacionaria de luz, "golpean" a las partículas de la luz, los fotones. Como se mencionó anteriormente, esto afecta a su velocidad, por lo que se mueven más rápido o más lento. Este cambio en la velocidad aparece como un intercambio de "paquetes" (cuantos) de energía entre electrones y fotones. El simple hecho de que existan estos paquetes de energía muestra que la luz del nanocable se comporta como una partícula. "Este experimento demuestra que, por primera vez en la historia, podemos filmar la mecánica cuántica -y su naturaleza paradójica- directamente", afirma Carbone en la nota de prensa de la EPFL. Además, la importancia de este trabajo pionero puede extenderse más allá de la ciencia fundamental y de las tecnologías del futuro. Como explica Carbone: "Ser capaces de obtener una imagen y de controlar los fenómenos cuánticos en la escala nanométrica como hemos hecho abre una nueva ruta hacia la computación cuántica." El trabajo es una colaboración entre el Laboratorio de Microscopía Ultrarrápida y Dispersión de Electrones de la EPFL, el Departamento de Física del Trinity College (Estados Unidos) y el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore.
 

jueves, 26 de febrero de 2015


Explicación plausible sobre origen de la materia en el cosmos
El campo de Higgs habría propiciado el ‘dominio’ de las partículas sobre las antipartículas, tras el Big Bang (Fuente: Universidad de California Los Ángeles UCLA y Physical Review Letters, T21)
 
¿Por qué existe la materia si, al principio del universo, había la misma cantidad de materia que de antimateria, y ambas tienden a destruirse mutuamente? La explicación podría estar en el campo cuántico de Higgs. Según investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), dicho campo habría provocado un pequeño exceso de partículas de materia sobre la cantidad de antipartículas; un exceso que dio origen a estrellas, planetas y gases.

Se cree que, tras el Big Bang, la gran explosión que dio origen al Universo, había un equilibrio entre las partículas elementales (protones, electrones, etc.) y sus correspondientes antipartículas, que son como las primeras en masa y espín (momento angular), pero se diferencian de ellas en su carga eléctrica.
 Sin embargo, con el paso del tiempo, ocurrió algo que aún resulta desconcertante para los cosmólogos: que las partículas “ganaron” a las antipartículas. Es decir, que la materia prevaleció sobre la antimateria. Por eso, en el universo existen hoy estrellas y planetas.
 Los científicos no han encontrado nunca la explicación a esta primacía. Ahora, un equipo de físicos de la Universidad de California en Los Ángeles ofrece una posible solución al misterio.
 
La clave: el campo de Higgs  
 
Alexander Kusenko, profesor de física y astronomía de dicha Universidad, y sus colaboradores proponen que esta asimetría materia-antimateria podría estar relacionada  con el bosón de Higgs, partícula propuesta teóricamente hace medio siglo, y cuya existencia fue finalmente constatada en 2012, en experimentos realizados en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN.
  
 Más concretamente, estaría vinculada a lo que se conoce como campo de Higgs, que es un campo cuántico que, según el modelo estándar de física de partículas, hace que todas las partículas adquieran masa.
  
 En los momentos posteriores al Big Bang, según Kusensko y sus colaboradores, el campo de Higgs habría sido mucho mayor de lo que es actualmente, y habría propiciado que hubiese un pequeño exceso de partículas de materia sobre la cantidad de antipartículas. En otras palabras, habría favorecido que las masas de las partículas y de las antipartículas fueran temporalmente desiguales.  
  
 De esta forma, y a pesar de que siempre que una partícula y una antipartícula se encuentran desaparecen emitiendo dos fotones o un par de otras partículas, un pequeño número de partículas consiguió ‘sobrevivir’, para dar lugar a las estrellas, los planetas, y el gas del universo actual. Todo esto ocurrió a medida que el universo, en sus estadios iniciales, se enfriaba.
  
Época importante en la evolución del cosmos
  
 El planteamiento de los físicos de la UCLA es consistente con los resultados obtenidos en el LHC, que han señalado que el campo de Higgs, en los primeros momentos tras el Big Bang, era mucho más grande que su "valor de equilibrio” actual.
  
 Posteriormente, se habría producido una relajación de este campo cuántico, que pasó de su gran valor tras el Big Bang hasta el mínimo del potencial efectivo del presente. Esta etapa habría sido clave en la evolución del Universo, explican los investigadores en un artículo publicado en la prestigiosa revista Physical Review Letters.

jueves, 12 de febrero de 2015

El tiempo a nivel cuántico corre hacia atrás y hacia adelante indistintamente
Un experimento observa que los sistemas microscópicos contienen información del futuro, y no sólo del pasado (fuente: T21, Physical Review Letters)

En la mecánica cuántica, el tiempo va tanto hacia adelante como hacia atrás. Así parece demostrarlo un experimento realizado en Estados Unidos, que calculando 'hacia atrás' las probabilidades de que un sistema cuántico esté en un estado concreto de dos posibles, consigue una probabilidad de acierto del 90%, frente al 50% que se considera normal. Eso significa que los sistemas cuánticos contienen información sobre el futuro, al igual que sobre el pasado.

Estamos tan acostumbrados a las novelas policíacas que ni siquiera notamos cómo juegan con el tiempo los autores. Normalmente, el asesinato se produce mucho antes del punto medio del libro, pero hay un apagón informativo en ese punto y el lector no se entera de lo que sucedió hasta la última página. 

Si la última página hubiera sido arrancada del libro, pregunta el físico Kater Murch, ¿estaría el lector más cerca de adivinar lo que pasó leyendo sólo hasta el fatal incidente o leyendo el libro entero? 

La respuesta, tan evidente en el caso de una novela de misterio, no lo es tanto en el mundo de la mecánica cuántica, donde la indeterminación es algo esencial, y no algo forzado para nuestro placer lector. 

Como si lo que hacemos hoy cambia lo que hicimos ayer 

Aunque usted sepa todo lo que la mecánica cuántica puede decir acerca de una partícula cuántica, dice Murch, profesor ayudante de física en la Universidad de Washington en St. Louis (Missouri, EE.UU.), no se puede predecir con certeza el resultado de un experimento sencillo para medir su estado. Todo lo que la mecánica cuántica puede ofrecer son las probabilidades estadísticas de los posibles resultados. 

El punto de vista ortodoxo es que esta indeterminación no es un defecto de la teoría, sino un hecho de la naturaleza. El estado de la partícula no es simplemente desconocido, sino realmente indefinido antes de que se mida. El acto de la medición en sí obliga a la partícula a caer en un estado definido. 

En un artículo que se publicará este jueves en la revista Physical Review Letters, Kater Murch describe una forma de reducir las probabilidades. Mediante la combinación de información sobre la evolución de un sistema cuántico después de un tiempo objetivo con la información sobre su evolución hasta ese momento, su laboratorio fue capaz de reducir las probabilidades de adivinar correctamente el estado de un sistema de dos estados desde un 50-50 a un 90-10. 

Es como si lo que hiciéramos hoy cambiara lo que hicimos ayer. Y como esta analogía sugiere, los resultados experimentales tienen consecuencias espeluznantes para el tiempo y la causalidad, por lo menos en el mundo microscópico al que se aplica la mecánica cuántica. 

Medir un fantasma 

Hasta hace poco tiempo, los físicos podían explorar las propiedades mecánico-cuánticas de las partículas individuales sólo a través de experimentos de pensamiento, porque cualquier intento de observar directamente hacía que perdieran sus misteriosas propiedades cuánticas. 

Pero en los años 1980 y 1990 los físicos inventaron dispositivos que les permitieron medir estos frágiles sistemas cuánticos tan suavemente que no colapsan de inmediato a un estado definido. 

El dispositivo que utiliza Murch para explorar el espacio cuántico es un circuito superconductor simple que entra en el espacio cuántico cuando se enfría hasta cerca del cero absoluto. 

El equipo de Murch utiliza los dos niveles de energía inferiores de este qubit, el estado fundamental y un estado excitado, como su sistema cuántico modelo. Entre estos dos estados, hay un número infinito de estados cuánticos que son superposiciones, o combinaciones, de los estados fundamental y excitado. 

El estado cuántico del circuito se detecta al ponerlo dentro de una caja de microondas. Unos pocos fotones de microondas se envían a la caja, donde sus campos cuánticos interactúan con el circuito superconductor. Así que cuando los fotones salen de la caja llevan información sobre el sistema cuántico. 

Básicamente, estas medidas "débiles", no resonantes, no perturban al qubit, a diferencia de las medidas "fuertes" con fotones que están en resonancia con la diferencia de energía entre los dos estados, que hacen que el circuito caiga a uno u otro estado.

Adivinanzas cuánticas 

En el artículo, Murch describe un juego de adivinanzas cuánticas con el qubit. "Empezamos cada ronda poniendo el qubit en una superposición de los dos estados", explica, en la nota de prensa de la universidad, recogida por Newswise. "Luego hacemos una medida fuerte pero ocultamos el resultado, y seguimos haciendo medidas débiles del sistema." 

A continuación, tratan de adivinar el resultado oculto, que es su versión de la página que falta en la novela de misterio. "Calculando hacia adelante, es decir, utilizando la regla de Born, que expresa la probabilidad de encontrar el sistema en un estado concreto, las probabilidades de acertar son sólo 50-50", explica Murch. "Pero también se puede calcular hacia atrás usando algo llamado una matriz efecto. Basta con coger todas las ecuaciones y darles la vuelta. Siguen funcionando y se puede volver atrás en la trayectoria". 

"Así que hay una trayectoria hacia atrás y otra hacia adelante, y si nos fijamos en los dos a la vez y damos igual importancia a ambas informaciones, obtenemos algo que llamamos una predicción retrospectiva, o retrodicción. 

Lo demoledor de la retrodicción es que tiene un 90 por ciento de precisión. Cuando los físicos cotejan sus resultados con la medición almacenada del estado anterior del sistema acierta nueve de cada 10 veces. 

En la madriguera del conejo 

El juego de adivinanzas cuánticas sugiere maneras de hacer que tanto la computación cuántica como el control cuántico de sistemas abiertos, como las reacciones químicas, sean más robustos. Pero también tiene implicaciones para problemas mucho más profundos de la física. 

Por un lado, se sugiere que el tiempo del mundo cuántico se dirige tanto hacia atrás como hacia adelante, mientras que en el mundo clásico sólo se ejecuta hacia adelante. 

"Siempre pensé que la medida resolvería la simetría del tiempo en la mecánica cuántica", afirma Murch. "Si medimos una partícula en una superposición de estados y cae en uno de dos estados, bueno, eso suena como un proceso que va hacia adelante en el tiempo." 

Pero en el juego de adivinanzas cuánticas, la simetría del tiempo ha vuelto. La capacidad mejorada de acierto implica que el estado cuántico medido incluye información sobre el futuro igual que sobre el pasado. Y eso implica que el tiempo, claramente una flecha en el mundo clásico, es una flecha de dos puntas en el mundo cuántico. 

"No está claro por qué en el mundo real, el mundo hecho de muchas partículas, el tiempo sólo va hacia adelante y la entropía siempre aumenta", reconoce Murch. "Pero mucha gente están trabajando en ese problema y espero que sea resuelto en unos pocos años". 

Causa y efecto 

En un mundo donde el tiempo es simétrico, ¿hay tal cosa como causa y efecto? Para averiguarlo, Murch propone ejecutar un experimento con qubits que establezca circuitos de retroalimentación (que son cadenas de causa y efecto) y tratar de ejecutarlos tanto hacia delante como hacia atrás. 

"Se tarda 20 o 30 minutos en ejecutar uno de estos experimentos", afirma Murch, "varias semanas en procesarlos, y un año en rascarse la cabeza para ver si estamos locos o no". "Al final del día me consuela el hecho de que tenemos un experimento real y datos reales que representamos en curvas reales."

viernes, 23 de enero de 2015


Patrón matemático común revela paralelismos entre el crecimiento de las cuidades y las galaxias en formación

Un estudio realizado por científicos del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian (EEUU) con nuevos modelos matemáticos ha revelado que existe un paralelismo notable entre la manera en que los humanos levantan sus ciudades y la manera en que se formaron las galaxias en el universo primitivo. (Fuente: T21, Centro de Astrofísica Hardvard-Smithsonian, MIT Technology Review)

La llamada Ley de Zipf reveló en la década de 1940 que sistemas como las lenguas o las ciudades no se organizan de manera completamente aleatoria.

En la década de 1940, un lingüista de la Universidad de Harvard llamado George Kingsley Zipf, analizando la lengua inglesa, se dio cuenta de que la frecuencia con que en esta aparecen las palabras no es aleatoria, sino que obedece a una ley empírica.

La formulación de la Ley de Zipf señala que el segundo elemento más reiterado de un idioma se repetirá aproximadamente con una frecuencia de 1/2 con respecto al primero (en inglés, the); y el tercer elemento con una frecuencia de 1/3… y así sucesivamente.  

La Ley de Zipf ha sido desde entonces aplicada a diversos sistemas, y no solo las lenguas. Economistas como Paul Krugman y Xavier Gabaix la han aplicado, por ejemplo, a las ciudades.

Así se ha demostrado que, si la ciudad más grande de Estados Unidos tiene una población de ocho millones de personas, la segunda ciudad más grande tendrá una población de cuatro millones (8/2); y la tercera tendrá una población de 8/3 millones, etc. Y que, si las ciudades se ordenasen por tamaños, el rango de cada ciudad sería inversamente proporcional al número de personas que en ella habitasen.

Comportamiento humano y galáctico

¿Por qué se da esta pauta en los sistemas? Hasta ahora no se sabía la razón. Ahora, dos investigadores del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian (EEUU) llamados Henry Lin y Abraham Loeb parecen haber encontrado una respuesta al misterio en las matemáticas.

A partir de un nuevo modelo, Lin y Loeb han descubierto que existe un paralelismo notable entre la manera en que los humanos levantan sus ciudades terrestres y la manera en que se forman las galaxias en el cosmos. Ambos procesos, aseguran, son matemáticamente equivalentes, lo que implicaría que en ambos sistemas funciona un mismo principio unificador.

Para llegar a esta conclusión, “consideramos la densidad poblacional como la cantidad fundamental, y pensamos en la ciudades como en objetos que se forman cuando la densidad de población excede un umbral crítico”, explican los investigadores en un artículo recogido por arXiv.

Lo que se desveló es que las ciudades se forman por variaciones en la densidad de población similares a las variaciones en la densidad de materia que dieron lugar a las galaxias en el universo primitivo, publica MIT Techonology Review. En otras palabras, que el comportamiento humano a escala masiva sigue el mismo patrón que el crecimiento de las galaxias.

jueves, 22 de enero de 2015


Primer estudio que traslada al mundo macroscópico el CFO (Colapso de Función de Onda) 

La superposición de estados cuánticos se da también en los átomos, según un estudio de la Universidad de Bonn (Alemania), en el que se ha demostrado este punto con un experimento. Los resultados podrían implicar que los objetos macroscópicos, como un balón de fútbol, por ejemplo, también irían por más de un camino simultáneamente, solo que nuestra visión seleccionaría uno de ellos. (Fuente: T21 y Universidad de Bonn)



Tenemos dos contenedores, y un gato está debajo de uno de ellos (a). Sin embargo, no sabemos debajo de cuál. Para probar, levantamos el derecho (b) y vemos que está vacío. Concluimos, por tanto, que el gato debe estar bajo el izquierdo, para lo cual no le hemos perturbado. Si hubiéramos levantado el izquierdo, sí le habríamos perturbado (c), y la medida habría sido descartada. En el mundo macro-realista, un sistema de medidas como este no habría tenido ningún efecto en el estado del gato. En el cuántico, sin embargo, una medida 'negativa' que revele la posición del gato de forma indirecta, como es (b), es suficiente para destruir la superposición cuántica e influir en el resultado del experimento. Los científicos de Bonn han observado exactamente este efecto. Fuente: Andrea Alberti/www.warrenphotographic.co.uk

¿Puede un penalty marcarse y fallarse simultáneamente? Para los objetos muy pequeños, al menos, esto es posible: De acuerdo con las predicciones de la mecánica cuántica, los objetos subatómicos pueden tomar caminos diferentes al mismo tiempo. El mundo de los objetos macroscópicos sigue otras reglas: el fútbol siempre se mueve en una dirección definida. 

¿Pero es esto siempre así? Físicos de la Universidad de Bonn (Alemania) han construido un experimento diseñado para, posiblemente, refutar esta tesis. Su primer experimento muestra que los átomos de cesio pueden, de hecho, tomar dos caminos al mismo tiempo. 

A nivel subatómico 

Hace casi 100 años, los físicos Werner Heisenberg, Max Born y Erwin Schrödinger crearon un nuevo campo de la física: la mecánica cuántica. Los objetos del mundo cuántico o subatómico -de acuerdo con la teoría cuántica- ya no se mueven a lo largo de un único camino bien definido. Más bien, pueden tomar simultáneamente diferentes caminos y terminar en diferentes lugares al mismo tiempo. Los físicos hablan de superposición cuántica de diferentes caminos. 

A nivel de los átomos, ahora parece como si los objetos también obedecieran las leyes de la mecánica cuántica. Con los años, muchos experimentos han confirmado las predicciones de la mecánica cuántica. En nuestra experiencia diaria macroscópica, sin embargo, vemos un balón de fútbol volar a lo largo de exactamente una sola ruta; nunca es gol y sale fuera al mismo tiempo. ¿Por qué esto es así? 

"Hay dos interpretaciones diferentes", explica Andrea Alberti, del Instituto de Física Aplicada de la Universidad de Bonn, en la nota de prensa de ésta: "La mecánica cuántica permite estados de superposición de objetos grandes y macroscópicos. Pero estos estados son muy frágiles, incluso seguir un balón de fútbol con los ojos es suficiente para destruir la superposición y hacerle seguir una trayectoria definida". 

Pero también podría ser que los balones obedecen a reglas completamente diferentes a las que rigen para los átomos individuales. "Hablemos de la visión macro-realista del mundo", explica Alberti. "De acuerdo con esta interpretación, el balón siempre se mueve en una trayectoria específica, independiente de nuestra observación, y en contraste con el átomo".

Superposición a nivel atómico 

Pero, ¿cuál de las dos interpretaciones es la correcta? ¿Se mueven los objetos "grandes" de forma diferente a los pequeños? En colaboración con Clive Emary, de la Universidad de Hull (Reino Unido), el equipo de Bonn ha elaborado un plan experimental que puede ayudar a responder esta pregunta. 

"El reto era desarrollar un esquema de medición de las posiciones de los átomos que nos permitiera contrastar las teorías macro-realistas", explica Alberti. Los físicos describen su investigación en la revista Physical Review X. 

Con dos pinzas ópticas (hechas con láser) agarraron un átomo de cesio individual y lo movieron en dos sentidos opuestos. En el mundo macro-realista el átomo estaría entonces en sólo uno de los dos lugares finales. En un mundo cuántico, el átomo estaría en una superposición de las dos posiciones. 

"Hemos utilizado medidas indirectas para determinar la posición final del átomo de la manera más suave posible", explica el estudiante de doctorado Carsten Robens. Incluso una medición tan indirecta modificó significativamente el resultado de los experimentos. 

Esta observación excluye -falsa, como diría Karl Popper con más precisión- la posibilidad de que los átomos de cesio sigan una teoría macro-realista. En su lugar, los resultados experimentales del equipo de Bonn se adaptan bien a una interpretación basada en estados de superposición que se destruyen cuando se produce la medición indirecta. Todo lo que podemos hacer es aceptar que el átomo ha hecho diferentes caminos al mismo tiempo. 

"Esto aún no es una prueba de que la mecánica cuántica funcione para los objetos grandes", advierte Alberti. "El siguiente paso es separar varios milímetros dos posiciones del átomo de cesio. Si siguiéramos encontrando una superposición en nuestro experimento, la teoría macro-realista sufriría otro revés".

martes, 30 de diciembre de 2014


Descubiertas las matemáticas de los ecosistemas 
Científicos descubren una propiedad que subyace a todos ellos, y que estructura sus redes tróficas. (Fuente: Universidad de Warwick y Universidad de Granada)

Parece que bajo uno de los mayores misterios de los ecosistemas -cómo estos logran sobrevivir- subyace una propiedad matemática hasta ahora desconocida. La propiedad, que ha sido bautizada como Trophic Coherence o Coherencia Trófica, es una medida de la interacción de los seres vivos con sus redes tróficas o de alimentación, dentro de cada ecosistema, y ha sido determinada por científicos de la Universidad de Warwick (Reino Unido) y de la Universidad de Granada.

Parece que bajo uno de los mayores misterios de los ecosistemas -cómo estos logran sobrevivir- subyace una propiedad matemática hasta ahora desconocida. 

La propiedad, que ha sido bautizada como Trophic Coherence  o Coherencia Trófica, es una medida de la interacción de los seres vivos con sus redes tróficas o de alimentación, dentro de cada ecosistema, y ha sido determinada por científicos de la Universidad de Warwick y de la Universidad de Granada. 

Según explican los científicos británicos en un comunicado de dicha universidad, la medida proporciona la primera explicación matemática de la arquitectura de los ecosistemas y de cómo las cadenas de alimentación crecen al tiempo que se hacen más estables. Asimismo, la Coherencia Trófica demuestra que los ecosistemas son menos aleatorios y están más estructurados de lo que se pensaba. 

Una propiedad estructural 

Samuel Johnson, uno de los autores de la investigación, explica que los edificios necesitan seguir unas leyes matemáticas y físicas para mantenerse en pie, para adaptarse a las condiciones del medio, etc. Y que lo mismo ocurre con los ecosistemas. Estos, señala, “también necesitan estructura”. 

“La Coherencia Trófica parece jugar el rol en los ecosistemas de sustento de las estructuras. Es una propiedad estructural que ayuda a los ecosistemas a sobrevivir, y que es común a todos los ecosistemas que hemos analizado”, sigue diciendo Johnson (los científicos analizaron un conjunto de redes tróficas provenientes de muy diversos tipos de ecosistemas). 

“De no existir esta propiedad matemática, en cualquier ecosistema los animales comerían todo lo que pudieran, fuera esto bueno o no para dicho ecosistema. Sin embargo, por fortuna, la coherencia emerge en estos contextos, del hecho de que las especies tiendan a consumir a otras especies con las que tienen ciertas cosas en común, como la dieta. 

“Al observar estas interacciones en la naturaleza, comprendidas dentro de la cadena trófica, nos pueden parecer completamente aleatorias (…) En realidad, bajo esa azarosa fachada subyace una propiedad matemática fundamental”, asegura el investigador.

Potenciales aplicaciones 

Poder calcular matemáticamente si un ecosistema dado es propenso a convertirse en más o menos estable si pierde ciertas especies puede resultar importante para los esfuerzos de conservación. 

Estos resultados tendrían además importantes aplicaciones en campos como la economía o la ingeniería, en los que comprender la relación entre tamaño o extensión y estabilidad resulta a menudo crucial. 

Científicos de la Universidad de Granada explican asimismo en un comunicado de dicha Universidad, que este ofrece además una explicación al hecho de que en contextos complejos como las selvas amazónicas o los arrecifes de coral coexistan muchas especies muy similares entre sí, en lugar de que unas pocas de ellas desplacen a las demás. 

 Cómo llegaron a la coherencia 

Los investigadores midieron hasta qué punto las especies se suelen organizar por niveles, de manera que la mayoría de las presas de cualquier depredador estén en el nivel inmediatamente inferior a él. 
Por ejemplo, en una red perfectamente coherente, los herbívoros en el primer nivel trófico sólo se nutren de plantas (en el nivel cero), los carnívoros primarios en el segundo nivel comen sólo herbívoros, y así sucesivamente. 

Aunque esta organización de las redes tróficas en estratos (o “coherencia trófica”) no es perfecta en las redes naturales (por ejemplo, existen omnívoros que se nutren de varios niveles) es, sin duda, mucho mayor en las redes reales de lo que consideran o predicen los modelos matemáticos actualmente utilizados en ecología. Es más, como se demuestra en este trabajo, “esta coherencia está fuertemente correlacionada con la estabilidad de las redes: a más coherencia más estabilidad”. 

Desde hace años, los científicos se han sentido fascinados por la cantidad y variedad de formas de vida que habitan ciertos ecosistemas muy complejos. En 1972, un eminente físico y ecólogo, Sir Robert May, demostró matemáticamente -utilizando modelos muy sencillos- que el tamaño y la complejidad deberían tender a desestabilizar cualquier sistema dinámico. Este resultado, conocido desde entonces como “paradoja de May”, inició un encendido debate sobre los efectos de la diversidad en la estabilidad. 

Según los científicos de la Universidad de Granada, los resultados obtenidos ahora no implican que “May se equivocara”. Pues, como él mismo “ya señaló en su trabajo original, los ecosistemas deben de tener alguna propiedad estructural” y sus redes tróficas un “particular diseño o arquitectura”. 

miércoles, 26 de noviembre de 2014


Nuevo articulo de Manuel Béjar donde se nos hace reflexionar sobre los nuevos paradigmas metafísicos surgidos de la física cuántica y de la verdadera naturaleza de sus procesos derivados a nivel subatómico.

El fondo holístico que permea todo el universo hace nacer la realidad física
Del orden cuántico en física de partículas al fondo cuántico de energías

La física cuántica desarrollada en el XX ha constatado una arquitectura fenomenológica que exige una revisión crítica de los presupuestos ontológicos clásicos. Todavía en el siglo XXI, la física cuántica sigue desplegando su alcance explicativo y ya se han iniciado las primeras tentativas que proyectan su concepción de la materia hacia otros campos tradicionalmente abordados por las ciencias humanas clásicas. Sin duda nuestra concepción ilustrada de la realidad ha de abrirse a la luz de la física moderna y prepararse para una nueva cosmovisión de referencia que oriente el desarrollo del nuevo humanismo científico. Por Manuel Béjar.


Orden cuántico, partículas y energía fontanal

La física de partículas elementales es por antonomasia y mérito una disciplina ejemplar dentro de una ciencia paradigmática. Íntimamente ligada al desarrollo de la teoría cuántica, la física de partículas nos ofrece un conocimiento inestimable tanto del mundo físico microscópico como del macrocosmos. El desarrollo de sofisticados aceleradores donde se hacen chocar partículas a velocidades casi lumínicas ha producido un amplísimo conocimiento acerca de los componentes físicos fundamentales de la materia y de sus interacciones.

Fenomenología de la composición física de la materia

El carácter fundamental de las partículas es un concepto histórico que depende de las energías usadas en el estudio de la materia. A energías en torno a 1015 eV, existen tres tipos de partículas fundamentales que conforman la materia fermiónica: leptones, neutrinos y quarks. Toda la materia ordinaria está constituida por partículas de alguno de estos tres tipos. Cada uno presenta tres familias. Existen tres tipos de leptones (electrones (e-), muones (m -) y tauones (t -)) asociados con sus respectivas familias de neutrinos (electrónicos (ne), muónicos (nm) y tauónicos (nt) y tres familias de quarks (up-down (u-d), charm-strange (c-s), bottom-up (b-u)). En total son doce las partículas fundamentales distribuidas en tres familias con los mismos números cuánticos pero distinta masa.

En la actualidad resulta bien conocido que todas las partículas fundamentales interaccionan gravitatoria y débilmente, pero sólo los quarks sufren la interacción fuerte. Las partículas fundamentales fermiónicas se ligan unas con otras a través del intercambio de otras partículas denominadas bosones mediadores. Construida desde principios matemáticos de invariancia gauge, la teoría cuántica de campos explica el amplio espectro de partículas a partir de las doce partículas fundamentales y tres bosones mediadores, también denominados bosones gauge.

La mecánica cuántica es una teoría dependiente de las relaciones de fase, pero no de la fase global de un sistema físico cuántico. No importa el valor de la fase elegido localmente sino las diferencias de fase entre las partes de un sistema. Puesto que la teoría cuántica es sensible a los incrementos de fase, la elección previa debe ser la misma para todo el sistema. Se requiere de una invariancia global de fase para no introducir perturbaciones extraordinarias. Ahora bien, ¿cómo es posible que todas las partes de un sistema acuerden en la misma elección física sin violar la causalidad local de la Relatividad?

No existe ninguna onda relativista que haga homogénea la fase global de un sistema físico si no está globalmente conectado de algún modo intrínseco. Es imprescindible, pues, desde el punto de vista físico introducir desviaciones locales de fase entre una parte y otra del sistema. Consecuentemente, la evolución física del sistema cuántico quedará perturbada, digamos, a priori; es decir, previamente a la acción de las interacciones físicas. Para evitar estas molestas perturbaciones basta incluir en las ecuaciones de las teorías de campos un elemento que contrarreste el efecto, un término que devuelva la invariancia global requerida: esto es, un término gauge.

Tras aceptar cambios locales de fase e introducir el término gauge, la función de onda del sistema verifica una ecuación equivalente a la de Schrödinger que es invariante bajo transformaciones locales de fase [1] e incluye las correcciones relativistas pertinentes. Curiosamente, los cambios válidos para dejar invariante la ecuación de la electrodinámica cuántica son los mismos que los permitidos en la elección del gauge electromagnético del potencial vector del electromagnetismo clásico. La libertad gauge clásica equivale a la invariancia gauge cuántica.

El alcance de las cuatro interacciones fundamentales depende de la masa de sus respectivos bosones. De acuerdo con el principio de Heisenberg, cuanto mayor sea su energía en reposo, menor es el tiempo de vida media y, por tanto, pueden recorrer distancias menores, reduciéndose su alcance. Las interacciones de alcance ilimitado son la electromagnética y gravitatoria, mediadas respectivamente por el fotón y el gravitón, que carecen de masa. Los bosones débiles son realmente masivos (1011 eV). Por ello, la interacción débil queda limitada al interior del núcleo. Los mediadores sólo pueden conectar partículas a distancias típicas de la escala subnuclear. De igual manera, los gluones sólo hacen interaccionar a quarks que comparten el mismo recinto nuclear. A diferencia de los bosones débiles, los gluones carecen de masa, pero debido a interacciones entre ellos se forma una masa efectiva equivalente no nula que limita el alcance de la interacción. Podemos decir que el gluón desnudo de masa nula es revestido con una energía de interacción que lo dota de masa y, en consecuencia, la interacción fuerte se hace de corto alcance.

Junto a las doce partículas fundamentales y los tres bosones mediadores descubiertos se encuentran una gran variedad de partículas resultantes de los procesos de síntesis. En primer lugar, por cada partícula elemental existe una compañera con cargas físicas opuestas. Son las partículas de antimateria que, al interaccionar con la materia ordinaria, se transforman en radiación electromagnética.

Existen partículas que permanecen estables durante un brevísimo periodo de tiempo (10-23s) hasta desintegrarse por interacción fuerte en partículas más estables como protones, neutrones y piones. Son las partículas delta y sigma, que son resonancias bariónicas: partículas con mayor energía que las fundamentales. Es posible, incluso, que existan un número ilimitado de estas resonancias con mayor masa y espín. A energías mucho más elevadas que la de los modernos aceleradores (1017 eV) no sería posible otorgar el calificativo de fundamental a los electrones, neutrinos y quarks frente a las resonancias. La elementalidad de las partículas depende de la energía del entorno en cuestión [2].

La actividad física de la materia

Tras presentar la fenomenología de la composición física de la materia nos disponemos a indagar en la idea que la física de partículas ofrece acerca de la actividad física de la materia. La elementalidad de las partículas fundamentales depende de la energía del universo. No es algo absoluto. A altísimas energías, la física de partículas no puede distinguir los elementos básicos de la materia. Todo es un energético dinamismo que hace emerger multitud de partículas denominadas resonancias. Incluso, en situaciones de menor energía, cuando las interacciones físicas determinan las partículas fundamentales por su mayor estabilidad, podemos seguir hablando de la naturaleza emergente de la materia desde un soporte básico primario.

Los hadrones son partículas resultantes de una interacción entre elementos físicos, los quarks, que carecen de existencia individual. El protón no es la mera suma de tres quarks, pues el quark individual carece de sentido. No existe un quark aislado. En realidad el protón es producto emergente de las interacciones cuánticas entre gluones y quarks. El protón es el todo surgido de una sinergia física. Su individualidad y propiedades físicas están mejor definidas que las de sus constituyentes.

En su dinámica desde un soporte energético fundamental, la materia emergente evoluciona hacia estados de mayor definición física como consecuencia de sus interacciones cuánticas básicas. Observamos cómo se va adquiriendo una mayor individualidad sin anular definitivamente el potencial emergente de su verdadera ontología. La física supera la epistemología newtoniana clásica de partículas elementales que se entienden como constituyentes básicos individuales de la materia. La individualidad de una partícula es un producto emergente que resulta de la interacción. El protón es lo que es por la interacción de los campos cuánticos y no por la suma de las individualidades de sus constituyentes.

En sintonía con el carácter fundamental de las partículas físicas, el espacio-tiempo de Einstein tampoco es un concepto absoluto. El espacio-tiempo es una estructura dinámica que sufre la presencia de las partículas a través de la interacción gravitatoria. Recíprocamente, este dinamismo perturba el contexto relacional de las partículas. A través de la interacción gravitatoria, el espacio-tiempo participa de la dinámica del zoo de partículas.  Es, en definitiva, materia. Se trata de materia con unas propiedades físicas tan bien definidas como las de las partículas: curvatura, densidad de energía, constante dieléctrica, permeabilidad magnética… Podríamos decir, incluso, que el espacio-tiempo es una macropartícula que universaliza al resto de partículas, unificándolas en una región que favorezca su interacción mutua. La gravedad moldea la forma del espacio-tiempo e indirectamente determina las leyes físicas de las demás interacciones físicas.

En su condición de materia, la naturaleza física del espacio-tiempo depende de las condiciones energéticas. Si a bajas energías el espacio-tiempo se comporta como un soporte básico donde se manifiesta la actividad física, resulta bien conocido que el influjo de cuerpos muy masivos o campos muy energéticos transforman gravemente su naturaleza, alcanzándose un estado físico que las ciencias físicas no aciertan a describir con precisión. Al igual que con las partículas, a elevadas energías el espacio-tiempo parece descomponerse y dejar paso a un orden subyacente más básico. ¿De dónde surge, pues, el espacio-tiempo?

La pregunta que formulamos nos sitúa en la frontera del conocimiento científico, al borde de la especulación metafísica. Aun conscientes de las limitaciones científicas de estudiar un espacio-tiempo ultra-energético, trataremos de permanecer del lado de la ciencia relacionando las especulaciones teóricas con algunos de los fenómenos cuánticos del comienzo del capítulo. Si bien es cierto que la energía de los aceleradores sólo perturba ligeramente la estructura espacio-temporal, no resultan despreciables los efectos físicos que se producen.

Las partículas que chocan violentamente en regiones espaciotemporales muy localizadas experimentan procesos físicos inexistentes en las condiciones ordinarias clásicas. Tras un choque energético no es posible predecir con certeza cuáles son las partículas resultantes. Posiblemente porque antes del choque no está definida la individualidad de los constituyentes de las partículas que colisionan. En cada colisión de partículas en los aceleradores resultan numerosos y distintos tipos de partículas. Es después del choque cuando la interacción de los campos cuánticos genera la individualidad de los nuevos productos de partículas. De forma efectiva, parece que la colisión provoca la emergencia de nuevas partículas. Así pues, aun a energías insuficientes para disgregar el espacio-tiempo, es posible comprobar su naturaleza emergente.

Partículas y altas energías

Extrapolando las teorías de campos cuánticos a energías más y más altas, se llega a fascinantes conclusiones acordes con el espectro de fenómenos cuánticos observados. La teoría de campos establece que tanto mayor ha de ser la energía de las partículas cuanto más profundamente se desee desentrañar la materia. A energía de 1017eV es posible alcanzar los escondijos del núcleo atómico hasta sentir la presencia de las interacciones fuerte y débil que experimental los quarks a escalas de 10-18m. Según reducimos la escala espacial y localizamos mejor la región espaciotemporal en cuestión, producimos una mayor indefinición en su cantidad de momento o energía, de acuerdo con el Principio de Heisenberg.

Es decir, al acotar cada vez más una sección de espacio-tiempo, ésta se vuelve más indefinida. Tiene una dinámica tan energética y localizada que, lejos de ser un espacio-tiempo plano o suavemente curvado, presenta un patrón cuántico fluctuante de lo más irregular. El espacio-tiempo adquiere una estructura compleja con múltiples interconexiones [3]. Con energías suficientes para alcanzar los 10-35m, en la escala de Planck, se pierde toda definición: el espacio-tiempo tal y como lo conocemos deja de tener sentido físico. Siguiendo la analogía de Greene, se inspeccionaría la caldera principal de la fábrica del cosmos. El espacio-tiempo relativista tampoco es el fundamento primario de la realidad material. Si él mismo se descompone a energías de Planck, debemos preguntarnos cómo se compone el espacio-tiempo a partir del fondo planckiano [4].

Al hablar de fondo planckiano no debemos pensar en una esencia física de carácter absoluto. Tanto epistemológicamente como científicamente carece de sentido atribuir la condición de absoluto a un ente físico. En este fondo de energía desaparece la idea clásica de materia atómica en favor de una concepción más campal, múltiplemente conexa, donde emergen las estructuras físicas capaces de mantener estas propiedades cuánticas bajo determinadas condiciones.

El fondo de energía planckiano es materia a 1028eV. No es una energía independiente. Es un campo de energía ligado con la materia fenoménica, tanto corpuscular como campal. Se trata de energía en interacción que produce el espacio-tiempo y las partículas que en él se sintetizan. En la frontera del espacio y del tiempo, el fondo de Planck es energía cuya razón de ser pierde todo sentido físico si su esencia fuese independiente de la materia explícita. La materia existe gracias a la actividad física de este fondo cuya esencia física es producir el espacio-tiempo, las partículas y los campos.

Las propiedades físicas están íntimamente ligadas con el entorno. La física de partículas no concibe partículas desnudas independientes como si tratara de pequeños corpúsculos indivisibles. Las partículas, cuya naturaleza física fundamental es siempre relativa, son objetos materiales revestidos o apantallados por la actividad del vacío [5]. En el vacío están constantemente sintetizándose partículas virtuales que afectan a las propiedades físicas observables. Pretender interactuar con la esencia física de la partícula es un sinsentido pues no existe esencia física pura sino interrelación. En síntesis, podemos concluir que cada partícula es más un todo a través de su ligazón a una ontología capaz de hacer emerger materia, que un mero constituyente. La materia es en sí misma más interacción que individualidad, aunque la materia pueda gozar de una relativa independencia a través de estructuras más complejas surgidas en este orden físico holístico.

Desde el punto de vista de la física todo es materia en actividad física. Precisamente esta actividad de la materia, el dinamismo físico, permite su estudio científico. La materia es, pues, el resultado de una interrelación entre un fondo omnipresente interactivo cuyo estado de mínima energía es el vacío cuántico, siempre fluctuante, de donde emerge en condiciones energéticas adecuadas el espacio-tiempo y las partículas, como condensaciones del oscilante vacío a energías de Planck.

No existe una materia física fundamental. Cualquier partícula fundamental no es una entidad individual independiente de este fondo de energía. No es tanto una individualidad cuanto el producto de una necesaria coexistencia. Por ello, los físicos de partículas niegan que la masa de una partícula libre sea un observable. Carece de sentido físico porque cualquier partícula está siempre en interacción. Por tanto, al referirse a la masa de una partícula se entiende la masa efectiva que resulta bajo la acción del entorno energético.

Las partículas son concentraciones de la energía del vacío revestidas de fluctuaciones del vacío cuántico. No es posible pensar científicamente en un sustrato más fundamental, pero sí generar una explicación de la ligazón implicada-explicada entre el fondo de Planck y el espacio-tiempo. El espacio-tiempo es la consecuencia física explicada de una interacción holística más profunda en el fondo de energía de Planck. Es la macropartícula resultante de la interacción coherente de la energía subyacente, donde prima la interacción sobre la individualidad.

Alcanzamos ya la sexta afección ontológica en el lenguaje de la física.

Fin del absoluto ontológico

La física nos conduce hacia un fondo de energía de cuya interacción surgen el espacio-tiempo, los campos y las partículas. Todo fenómeno físico apunta hacia un mismo origen. El lenguaje de las modernas teorías físicas pretende definir un estatus básico de interrelación para la materia. A nuestro entender, no se pretende ya tanto buscar un orden causal hasta el origen de la materia cuanto hallar una interrelación mutua coherente de la materia. No hay partículas sin campos, ni campos sin espacio-tiempo, ni estructura espaciotemporal sin el entrelazamiento coherente del fondo de energía. Ni, siquiera, fondo de energía sin partículas virtuales, pues sólo se entiende como una ontología cuya actividad física hace emerger la materia.

 Todo es materia interconectada en el fondo planckiano de energía. Sólo existe el todo. Las partes no pueden entenderse sin referirlas coherentemente a un único todo. Es decir, el inabarcable todo es cuanto existe; pero su esencia puede ser aprehendida en la interrelación de sus partes. Es en el comportamiento colectivo emergente de la materia donde se capta su esencia consecuente con el conjunto de principios básicos más fundamentales. El lenguaje de la física no se refiere ya a una esencia en sentido absoluto. Más bien, la esencia radica en un holismo con potencial para hacer emerger los fenómenos desde una interrelación global que deja al absoluto ontológico en un plano marginal.

Es posible pensar que tanto permanecer al resguardo del ingenuo realismo, el lenguaje de la física termina rozando el idealismo epistemológico. Esta es la posición de la escuela de Bohr. Al final todos son conceptos, muy bien relacionados, que permiten explicar la realidad como epifenómeno. En la actualidad, con los descubrimientos de la física cuántica, es posible materializar los conceptos en una ontología que fundamente el ser físico. Esta ontología no entiende de determinismos clásicos, ni de leyes causa-efecto, ni siquiera de la continuidad del mundo macroscópico. La razón de ser de esta ontología es ser en relación. Y producir los seres como resultado de la fragmentación de interacciones en distintos niveles de realidad. Hasta tal punto es así que sabemos cómo la decoherencia de las interacciones no-locales de esta ontología produce nuevos elementos de realidad. La realidad es no-local y según se destruye la no-localidad la globalidad genera individualidad. Por eso decimos que la ontología no acepta la localidad clásica y que las partículas clásicas son elementos ónticos de una ontología dinámica menos conectada.

En síntesis, desde nuestra interpretación metafísica del lenguaje de la física no podemos decir que la física descubra una realidad última fundamental. No parece que exista una ontología que es lo que es y no puede ser de otra manera. La experiencia física nos desvela que existen múltiples niveles de realidad en correspondencia con distintos órdenes de conexión de una ontología dinámica con potencial para fragmentarse y sintetizar los elementos ónticos que constituyen las estructuras presentes en nuestras experiencias conscientes. No tenemos experiencia de esta ontología como soporte de la actividad física, pero sí es posible derivarla como consecuencia metafísica de los experimentos cuánticos. Ahora bien, no hay razón para dotarla de un carácter absoluto; porque los experimentos muestran variabilidad ontológica. Podría decirse que lo absoluto es la relación, pero si es relación no es absoluto. Y en este sentido hablamos del fin del absoluto ontológico.

La última frontera de la física

Los experimentos cuánticos forzaron un giro en el lenguaje de la física desde el continuismo clásico hacia la discontinuidad en el espectro de valores posibles para algunas magnitudes observables. A diferencia del caso clásico un sistema cuántico dispone de un número discreto de estados distinguibles. Por ello, basta una cantidad finita de información para registrarlos. Las leyes cuánticas hacen finita la cantidad de información necesaria para especificar el estado de un sistema físico en el régimen cuántico. Sin alternativas no hay información, porque la rigidez absoluta sería única y no necesitaría ser etiquetada.

La diversidad y la sorpresa hacen posible la información. Si todo estuviera determinado los acontecimientos presentes no producirían información. La información ya se tendría de antemano. Del mismo modo si todo fuera absolutamente único no habría posibilidad de que generara información, puesto que todo es de una sola manera y no hay posibilidad de que informe ser de manera distinta. Esto no es así en realidad. Solo la nada y lo absoluto se registrarían con cero bits de información. La realidad es que los procesos cuánticos generan información cuando se resuelve la incertidumbre cuántica y se genera el estado clásico observable. En la práctica, el número de alternativas cuántica en un sistema finito es finito y, por tanto, la información también es finita y cuantificable.

La reciente computación cuántica explota precisamente el extraño comportamiento del régimen microscópico. Los ordenadores cuánticos son dispositivos capaces de procesar la información de átomos individuales, fotones y demás sistemas microscópicos. En la actualidad se han construido pequeños ordenadores cuánticos a escala microscópica. Sabemos cómo hacer que unos pocos átomos realicen computaciones simples con la información que almacenan. Pero aún no disponemos de ordenadores cuánticos macroscópicos.

Teoría de la información y lenguaje de la física

Con el desarrollo de la teoría de la información el lenguaje de la física integró en su vocabulario el bit como expresión de la unidad mínima de información. La relevancia creciente de la teoría de la información en la física cuántica ha provocado una readaptación del lenguaje físico en su aplicación a la interpretación de la realidad. Aparecen novedosos conceptos como el de campo de información que origina la realidad material del orden fenomenológico. Desde la perspectiva de la información cuántica, el universo entero se entiende hecho de bits.

Los bits clásicos tienen un único valor individual bien definido: el cero o el uno. A diferencia de un bit clásico, un bit cuántico o qubit puede registrar una combinación de los dos valores a la vez. De acuerdo con la interpretación de la realidad cuántica seguida en este artículo diríamos que el qubit no tiene un individualidad óntica definida, pues permanece en una ontología cuántica que aún no se ha fragmentado para producir el bit clásico concreto y la consiguiente determinación del valor cero o uno.

 Puesto que el qubit goza de las propiedades cuánticas de su ontología, un ordenador cuántico puede ejecutar simultáneamente  varias computaciones. El procesamiento cuántico en paralelo es distinto del clásico, ya que no se trata de una mera asociación de procesadores operando juntos. Más bien, en computación cuántica un único procesador realiza varios procesos simultáneamente, del mismo modo que una partícula cuántica puede estar en varias posiciones al mismo tiempo. El ordenador cuántico se beneficia de la ontología cuántica para procesar la información del mismo modo que lo hace la realidad cuántica por su razón de ser ontológica.

Un ordenador cuántico se entiende como una colección de qubits. Su potencia de computación es proporcional al número de qubits. Diez qubits pueden realizar 1024 operaciones simultáneas. Con n qubits se realizarían 2n operaciones simultáneamente. El universo en su conjunto es un inmenso ordenador cuántico que procesa los bits registrados en el campo de información. Cuando decimos que el universo computa entendemos que su lenguaje de computación son las leyes físicas. La computación del universo no parece ser clásica, ya que los bits clásicos no funcionan bien para almacenar la información de un sistema cuántico.

Al ser cuántico el nivel fundamental del universo, el cosmos debe comportarse como un computador cuántico. Ante la pregunta de qué información se está procesando, se respondería que el universo se computa a sí mismo, pues el universo es información. El universo es un todo autosuficiente de información capaz de procesarla para ganar en complejidad.

El concepto de universo computacional no se opone a la idea clásica de universo físico. La cuestión de fondo a discutir del universo computacional es: ¿de dónde procede la energía? A este interrogante la física cuántica responde que la energía es analizable físicamente en términos de campos cuánticos, que conforman la fábrica del universo y de cuyo oleaje emergen las partículas elementales. En este sentido, la información y la energía desempeñan funciones complementarias en el universo. La energía hace que las cosas sean y la información les dice qué deben ser. Hacer algo cuesta energía y especificarlo necesita información. La sorpresa y la diversidad tan características de nuestro mundo físico, biológico, psíquico y cultural indican que la concreción de nuestro mundo requiere procesar la información que hace posible la determinación individual en el orden global.

En el lenguaje actual de la física podemos asegurar que información y energía están al mismo nivel fundamental. La complejidad de las estructuras fenomenológicas del universo es una manifestación del potencial cósmico para computar la información cuántica fundamental que gobierna los procesos microscópicos. Todos los sistemas físicos son últimamente cuánticos. Y, por tanto, registran, procesan y generan bits de información. El valor de un bit de información no es algo absoluto por su valor específico sino, más bien, algo en relación con otros bits involucrados en el proceso de información. No importa tanto la parte como el todo para entender cómo surge la evolución dinámica del universo hacia la complejidad desde el procesamiento de información en sistemas cuánticos. Es más, de nuevo la parte no está definida como individualidad en la ontología cuántica y por ello tiene mayor importancia el carácter holístico de la realidad.

Avanzar en la tecnología de ordenadores cuánticos permitirá profundizar en cómo el universo genera estructuras complejas a partir del registro y procesamiento de su propia información. Si pensamos que el ordenador cuántico macroscópico universal es el propio universo, entonces el objetivo principal es revelar el papel fundamental que la información desempeña en la evolución del universo. En opinión de algunos físicos actuales, un ordenador cuántico artificial realizaría el mismo procesamiento de la información siguiendo las mismas instrucciones y obtendría los mismos resultados.

Según Lloyd [6], un supuesto observador no sería capaz de distinguir el procesamiento cuántico del universo del de un simulador. El universo no puede ser completamente desvelado salvo que se obtenga un duplicado indistinguible del original. A su modo de ver, el ordenador cuántico y el universo serían esencialmente idénticos; pues, a su juicio todo es una manifestación de la computación cuántica del universo. Lloyd se lamenta de que aún no se disponga de un simulador cuántico universal, pero afirma que bastaría un ordenador cuántico que realizara 10122 operaciones por segundo con un total de 1092 bits. Un ordenador cuántico funcionaría como un simulador universal del mismo modo que propio universo físico. La simulación podría llegar a ser tan precisa que el comportamiento del ordenador fuera indistinguible del universo. ¿Quiere decir esto que un futuro ordenador cuántico creado con una tecnología futura podría producir un nuevo universo?

 Recordemos que información y energía están en el mismo nivel fundamental. Si hipotéticamente se dispusiera de un ordenador cuántico que procesara la información como el propio universo, tendríamos un gran simulador cósmico que, en el mejor de los casos, nos permitiera influir en la evolución del universo –como en realidad ya hacemos en el presente a escala planetaria. Pero no debemos pensar que podríamos crean un nuevo universo, porque ¿de dónde se obtendría la energía? Si nuestro universo no ha producido aún un universo hijo probablemente se deba a que todo el universo carece de la energía necesaria para hacerlo factible. Centrémonos, pues, en la explicación del origen de nuestro universo desde la teoría cuántica de la información.

El universo primitivo, simple y ordenado, podía ser descrito con unos pocos bits de información. Tras el inicio de la expansión, la energía libre primordial disponible en los campos cuánticos permitió que se materializara el procesamiento de la información cósmica en las primeras partículas elementales. A medida que el universo se expandía fue procesando información, transformándose y registrando nuevos bits de información que guiaron los siguientes estadios característicos de la evolución hacia la complejidad. Cuando el universo se enfrió lo suficiente para evitar que las partículas perdieran su individualidad, empezaron a formarse los primeros condensados locales de partículas. El universo fue aumentado su entropía, aunque, seguía siendo uniforme y sin estructura a gran escala. Entonces, ¿cómo surgió la estructura cósmica a gran escala?

Los orígenes de la estructuración macroscópica del universo se explican en la sinergia entre las leyes de la gravedad y de la física cuántica. Debido a fluctuaciones cuánticas algunas regiones del universo se volvieron ligeramente más densas que otras. La gravedad amplificó estas fluctuaciones de densidad hasta el nivel macroscópico. En este proceso se generaron nuevas cantidades de energía libre que permitiría en el futuro la estructuración y emergencia de los seres vivos. Esta facultad de la gravedad se asemeja a las propiedades del caos: una levísima diferencia puede producir grandes divergencias en el futuro.

El azar es también un elemento importante en la evolución del universo. La generación de bits aleatorios de información juega a favor de la emergencia de la complejidad en el universo. Un sistema absolutamente estable no evoluciona pues no tantea alternativas que lo hagan mejorar. Al azar muchas de estas alternativas son contraproducentes, pero algunas sí podrían ser beneficiosas. Los bits aleatorios dependen últimamente de las fluctuaciones cuánticas en el despertar del universo. Parece posible, pues, que la aleatoriedad cuántica haga mejorar el programa del comportamiento futuro del universo sin necesidad de recurrir a un centro de inteligencia que lo diseñara absolutamente desde el principio. En este sentido, el universo se haría inteligente a sí mismo.

        Boltzmann argumentaba que la complejidad del universo se debía al azar; es decir, lo atribuía a la consecuencia de una fluctuación estadística como en el caso gravitatorio. En la actualidad muchos patrones de complejidad matemática pueden ser producidos por programas informáticos simples. En la física clásica de Boltzmann, conocer las partes de un sistema es comprender el sistema como un todo. Pero en física cuántica el sistema en su conjunto puede estar en estado holístico bien definido, aunque sus constituyentes no tengan definida su individualidad. Así, en un entrelazamiento cuántico podemos conocer el estado un sistema cuántico en su conjunto, pero no los estados cuánticos individuales de sus constituyentes. Tiene sentido físico el conjunto, pero no las partes que se derivan tras la fragmentación del estado cuántico en el proceso de decoherencia. De acuerdo con Lloyd el entrelazamiento es el responsable de la generación de información en el universo. De esta manera se contempla la posibilidad de producir información física en el lenguaje actual de la física cuántica.

        Las leyes de la física cuántica están permanentemente inyectando nueva información en el universo debido a las omnipresentes fluctuaciones cuánticas. Las fluctuaciones cuánticas están reprogramando el universo, de la misma manera que el azar físico regula la recombinación genética en un embrión. Aunque el universo era simple de inicio pudo intrínsecamente generar con el tiempo estructuras complejas debido a la superposición coherente de estados cuánticos. En estado de superposición cuántica el universo pudo realizar en paralelo todas las posibles computaciones y generar la complejidad que hoy percibimos.

Siguiendo a Lloyd, los qubits podrían representar valores locales de la densidad de energía en el universo primitivo. Las superposiciones coherentes propagaron la información y originaron los procesos de transformación cuántico-clásica de algunos qubits en bits. En este proceso de reducción clásica la gravedad se acopló a las fluctuaciones de energía de los qubits y operó como un amplificador macroscópico que causó la gravedad clásica, liberó grandes cantidades de energía gravitatoria, rompió el equilibrio cuántico y originó la compleja estructura del universo a gran escala.

Fin de la unicidad del diseño ontológico

De acuerdo con la moderna teoría cuántica de la información el universo es capaz de diseñarse a sí mismo. Debido al carácter holístico de su existencia la historia del universo podría haber sido muy distinta. Abusando del lenguaje de las teorías de la información cuántica diríamos que el universo no nace, sino que se hace. Cuando se afirma que el universo funciona como un ordenador cuántico se entiende que el universo procesa simultáneamente todas sus posibles historias y termina produciendo una realidad física concreta.

En este sentido, concluimos en esta séptima afección ontológica del lenguaje físico afirmando que no hay razón física para afirmar la preexistencia de un diseño ontológico previo al comienzo de la actividad física del universo. Más bien, se desprende de las teorías físicas que el soporte del universo físico es un sustrato ontológico totipotente. Algo parecido a las células totipotentes cuyo diseño no está preestablecido en su naturaleza sino que se determina en función de la información que procesa en convergencia con otras células de su entorno.

A nuestro modo de ver la carencia de elementos de realidad que constituyan la ontología cuántica es un indicador de que no hay un absoluto ontológico y de que la ontología del universo es capaz de producir novedades que se concretan en los elementos ónticos del régimen clásico. Usando el lenguaje de la física de la información cuántica, el universo produce información cada vez que emergen las realidades individuales clásicas de un fondo ontológico más holístico. Esa información es necesaria para dar forma a la ontología cuántica que se fragmenta. En la formalización del mundo clásico la interacción gravitatoria ha sido fundamental al introducir nuevos grados de libertad que se han aprovechado para que la complejidad emergiera en un universo que en sus inicios fue puramente cuántico.

Sabemos que la gravedad es la única interacción física que no ha desvelado experimentalmente un comportamiento cuántico. Posiblemente la asimetría entre la gravedad y las tres interacciones cuánticas sea el origen de la estructuración y complejidad creciente en la evolución cósmica a gran escala. Quizás de haber sido también una interacción cuántica tan potente el universo físico que observamos no existiría porque todo perduraría en su ontología cuántica original. Es posible que la gravedad también tenga una naturaleza cuántica.

De ser así, sería interesantísimo estudiar los sistemas físicos con gravedad cuántica. Es de suponer que estos sistemas estarían muy próximos a la ontología cuántica primordial y podríamos seguir profundizando en la naturaleza ontológica de la realidad. La observación de la evolución de estos sistemas gravitatorios cuánticos abriría nuevas ventanas hacia la metafísica de la realidad y se descubrirían potentes vías heurísticas para conocer cómo se debió fragmentar la ontología primordial y comenzó a diseñar el universo de las estructuras físicas, de los seres vivos y de la conciencia. Por este motivo la gravedad cuántica pudiera aportar alguna luz acerca del despertar cósmico de la actividad física y la emergencia de los seres vivos que la sienten y toman conciencia de su naturaleza.

Derivaciones metafísicas del lenguaje físico

El lenguaje de la física es un modo de hablar acerca de lo fenoménico. Como hemos explicado en este trabajo, parte del lenguaje de la física se ha especializado en dotar de andamiajes matemáticos a los fenómenos físicos como explicación última de su realidad. La versión más matemática de los lenguajes de la física se reduce a diseñar estructuras matemáticas que fundamenten las observaciones. Pero la física no se agota con la teoría matemática. El concepto de teoría en el lenguaje de la física es mucho más preciso que lo que comúnmente entendemos por teoría, como algo que podría funcionar. Los físicos desean construir teorías físicas que, de acuerdo con los resultados experimentales, permitan dar cuenta de la realidad.

A nivel fundamental el lenguaje de la física ofrece una comprensión profunda de la realidad que exige una reflexión metafísica. No es posible ofrecer una visión física de la realidad que se contenga a sí misma. Sin tiempo no hay actividad física que observar y la creación no es posible en la física. Las raíces del lenguaje físico dejan entrever un sustrato metafísico necesario para comprender el marco físico de la realidad. En este artículo hemos expuesto siete consecuencias metafísicas que se desprenden de la reflexión conceptual de las teorías físicas.

De acuerdo con las modernas teorías de la física la realidad no admite un determinismo ontológico donde todo está preestablecido desde el inicio del universo. Más bien se ofrece la imagen de una realidad que es fundamentalmente abierta capaz de hacer emerger un orden clásico concreto de un fondo dinámico de actividad indeterminada. En consecuencia con este incesante dinamismo no es posible asumir el estricto continuismo de las leyes causa-efecto propias de la mecánica clásica. Sin trayectorias clásicas se hace necesario suponer que el universo físico es últimamente emergente, es decir, un orden emanado de una realidad capaz de producirlo globalmente. La pérdida de causalidad física en el fondo permite el origen espontáneo del universo físico en una ontología que es naturalmente abierta. Las propiedades físicas emergen de un fondo de realidad que permite la variabilidad ontológica hasta el punto de que al llegar a ser lo que son no se pueden entender sin recurrir a nuevos niveles de realidad. La emergencia de estos niveles produce un orden de la realidad con propiedades físicas surgidas del despliegue ontológico.

En una realidad metafísica sin espacio ni tiempo sería razonable suponer la existencia de conexiones espontáneas y holistas en su fondo ontológico. Lo sorprendente es que esta conectividad no-local se ha manifestado también en el orden físico bajo condiciones de amparo suficientes. La presencia de acciones a distancia cuasi-instantáneas invita a reflexionar sobre una ontología múltiplemente conectada que puede proceder más allá del esquema conexionista de la causa y el efecto. En el fondo la realidad es pura conectividad. La relación de fondo consigo misma conforma una ontología sin un absoluto que sea el origen de todo. La realidad carece de un absoluto básico. Lo primordial es su capacidad para producir todo porque toda ella es relación de todo. En este sentido esta ontología de la realidad enlaza muy bien con las consecuencias físicas de la moderna teoría de la información. La ontología produce el mundo físico porque es información capaz de modelarse.

Hemos visto que la elaboración de teorías físicas moderna exige explicar lo observado dejando al margen observadores absolutos. Pero la realidad es que es imposible conocer completamente el mundo físico sin la observación. En consecuencia toda descripción física es siempre relativa a un observador. Y, por tanto, buscar un fundamento ajeno al observador es una tarea distinta de los cometidos de las ciencias físicas. Por ello, la física actual parece dejar a un lado las cuestiones metafísicas que exigen un compromiso interpretativo de la realidad. En el mejor de los casos se abusa de lenguaje físico-matemático que valide los fundamentos de la realidad física.

En realidad, como vemos, muchas cuestiones que se inician desde el lenguaje de la física terminan derivando en cuestiones filosóficas que muchos físicos abandonan por ser meramente metafísicas. Ante esta derivación hacia lo metafísico y la resistencia de muchos físicos por lo metafísico, conviene subrayar que la física tiene una dimensión intuitiva irreducible al lenguaje matemático. La intuición metafísica y su planteamiento físico han sido los motores de los grandes descubrimientos y teorías en la historia de la ciencia. En la segunda mitad del XX, la física se ha dejado atrapar por la belleza del formalismo matemático hasta llegar a reducir la realidad a información intangible. Sin duda la riqueza de la naturaleza física es superior, tal y como se ha demostrado repetidamente en su inigualable historia.

La sola aproximación a la ontología física que soporta la realidad experimental nos proyecta hacia nuevos interrogantes que trascienden lo puramente físico. No necesariamente hablamos de proyecciones sobre lo filosófico o temas profundos de la filosofía de la naturaleza como el origen del tiempo físico en una realidad eterna metafísica. La simple emergencia de órdenes de complejidad en la realidad física nos mueve hacia otras fronteras de la ciencia donde el concepto de orden es aún más trascendente. El emergentismo es todavía hoy una corriente más filosófica que científica. No por ello se ha quedar reducido al margen del quehacer propio de la ciencia. La ciencia puede servirse de las intuiciones metafísicas que, desde el emergentismo, se proyectan hacia distintos ámbitos de realidad (físico, biofísico y psicobiofísico) que demandan una comprensión de fenómenos emergentes (la reducción cuántico-clásica, el orden complejo, la conciencia…) carentes aún de una explicación científica.

La física que gobierna unas pocas partículas es muy diferente del comportamiento colectivo de los sistemas múltiples debido a la emergencia de correlaciones entre constituyentes. El modelo estándar de la física de altas energías no puede reproducir los movimientos holísticos de las partículas. A bajas energías emerge todo un mundo de fonones independiente de las interacciones atómicas. Junto a los fonones emergen nuevas leyes físicas de interacciones dipolares que forman bloques de materia muy diferentes de las partículas de altas energías. Existen nuevos órdenes emergentes de la materia inabordables desde las teorías físicas reduccionistas. Surge un nuevo orden topológico que determina la realidad física. El orden topológico es aún metafísico, pero su rápido desarrollo matemático y aplicación en la física de la materia condensada pueden proporcionar claves para una nueva ontología física más unitaria y global.

Supuesta esta ontología física emergente, resulta natural explicar el origen y evolución del universo como un producto de este substrato metafísico que se hace explícito a través de procesos cuánticos consolidados en el régimen clásico de la experiencia. Las estructuras físicas, los seres vivos, el psiquismo animal y la conciencia son productos que últimamente emergen de esta ontología dinámica. La incesante actividad de esta realidad subyacente dinamiza todo el proceso evolutivo del cosmos, generando estructuras clásicas más complejas y estables, capaces de resonar las propiedades cuánticas de su naturaleza material, tal y como los fenómenos cuánticos macroscópicos mantienen sus propiedades cuánticas a nivel de experimentación.

 Análogamente, las propiedades psíquicas de los animales superiores o la formación de sofisticados estados conscientes en el hombre son productos resultantes de la evolución cósmica de estructuras materiales. Las estructuras psíquicas son resonadores más finos capaces de explicitar las propiedades psíquicas de la ontología material. No sólo canalizan la actividad física de la materia, como durante miles de millones de años hizo el universo físico, sino que activan la dimensión psíquica de la materia. En este sentido, la actual neurología propone una coordinación entre las regiones del cerebro más primitivo y del moderno neocórtex, más susceptible al comportamiento psíquico.

Conclusión

Se ha dicho frecuentemente que el siglo XXI es el tiempo de la biología. A mi modo de ver, sin duda es el tiempo de la biología en su dimensión más física e interdisciplinar. El estudio de la formación de nuevos órdenes en la materia para la vida es una de las tareas más apasionantes para los biofísicos que se preocupen de las cuestiones científicas fundamentales como el origen físico de la vida. Coincido plenamente con el premio Nobel de física Murray Gell-Mann cuando afirma: Se hace cada vez más necesario complementar la especialización con la integración. Dedicarse a poner en claro lo que otros han hecho, o a extraer lo que vale la pena de entre lo accesorio, es una dedicación que ofrece menos facilidades para hacer carrera, pero sería mejor para la humanidad [7].

Este siglo ya ha dado importantes frutos en técnicas de neuroimagen y estudio del cerebro como un todo orgánico. Ahora bien, aún sigue siendo un enigma cómo se produce científicamente la emergencia de la conciencia. No hay un patrón definido por las neurociencias que clarifique la explicación científica de este fenómeno. Sin embargo, el carácter enigmático y escurridizo de la conciencia hace pensar que la conciencia sea un fenómeno holístico cuyas propiedades se asemejan a las propiedades de la física cuántica.

Es muy razonable pensar que esta hipótesis sea muy arriesgada. De hecho, lo es. No hay experimentos que permitan comprobarla, ni tampoco ha sido refutada. Sus partidarios tan solo cuentan con pequeños indicios de una incipiente biología cuántica en el nivel más primario de la vida. Parece ser que la transformación de la energía solar en energía química en los vegetales en el proceso de fotosíntesis es tan eficiente porque se trata de un proceso cuántico. Este fenómeno de adaptación cuántica a la luz solar puede abrir nuevas líneas de investigación que apunten hacia una cosmovisión holística de la naturaleza (física, biológica y neurológica) basada tanto en la interpretación metafísica de los campos cuánticos de la física como en el nuevo lenguaje físico de la comunicación en términos de entrelazamiento.

Concluyo estos artículos advirtiendo el nacimiento de un nuevo lenguaje interdisciplinar nacido de la convergencia entre los fenómenos neurológicos de la conciencia y las propiedades cuánticas de la física. La denominada neurología cuántica podría llegar a convertirse en una enriquecedora fuente de nuevas terminologías científicas que apoyaran la idea metafísica de una totalidad campal. En su apoyo la teoría cuántica de la información, una de las disciplinas físicas más fructíferas en la actualidad, está construyendo un lenguaje físico de la información desde las ideas cuánticas de teleportación y acoplamiento entrelazado de los estados físicos, que podría ser adaptado e implementado para describir físicamente el procesado físico de la información sensorial en el cerebro de un ser vivo. Al igual que el universo físico se diseña a sí mismo, el cerebro puede también modelarse a sí mismo.

Artículo elaborado por Manuel Béjar, licenciado en Ciencias Físicas y Doctor en Filosofía, Cátedra CTR, Universidad de Comillas